La ceguera, el olvido y otras
enfermedades del alma
Saramago y la vida


Lorraine C. Ladish

Antes de conocerlo en persona, no hubiera recomendado leer a José Saramago como autor de libros de autoayuda. Sin embargo, tras escuchar su pausada voz leer en voz alta sus obras con un melódico acento portugués, y comentar el
proceso que le llevó a escribir cada una de ellas, digo que sus libros no son novelas, sino libros sobre la vida y sobre cómo son las cosas, para que el lector luego haga con esta información lo que le parezca oportuno.

Cuando me inscribí en un curso de literatura, impartido por él, estaba segura de que aprendería mucho de libros  pero después de que el mismo autor anunciara que a él cada vez le interesa menos hablar de literatura, y según avanzaban las horas, advertí que realmente estaba aprendiendo acerca de la vida, de ser uno mismo, sobre todo de ser humano.

Saramago nació en Portugal, en 1922, de orígenes humildes, y estudió formación profesional para ser mecánico, porque en su casa no había dinero, y muchísimo menos, libros. Empezó a leer porque tenía la asignatura de Literatura, pero por falta de recursos tomaba prestadas las obras, y hasta los 19 años no pudo comprarse su primer libro, eso sí, con dinero que le
dejó un amigo.

En cualquier caso, el que es escritor termina por escribir 
incluso aunque las circunstancias no le sean propicias, y a los 24 años ya tenía obras publicadas, aunque él no les dio mucha importancia. Es más, a esa misma edad le aconteció un golpe de madurez y dejó de escribir, porque no tenía nada que decir que valiera la pena (palabras suyas).

Durante 20 años no escribió ni publicó nada, que es una de las cosas probablemente más difíciles de hacer para un escritor, ya que según el, la literatura se hace con ideas, visiones y sangre; no sólo de buena escritura, y comparte la opinión de Kafka, de que un libro ha de ser como un puñetazo en el estómago y de no serlo, no merece la pena escribirlo.

Afirma Saramago que el título es lo primero que se le ocurre siempre, en el momento más inesperado, y que a partir de eso crecen sus libros. Un buen día, aún sin saber cómo iba a contar la historia de Levantado del suelo, que le rondaba la cabeza desde hacía tiempo, se sentó a hacerlo de todos modos. Cuando llevaba unas 40 páginas, empezó a prescindir de los signos de puntuación convencionales, y así surgió su voz, ese estilo tan particular que lo distingue, que es como si yo fuera el libro que hablara, pero que en principio fue muy controvertido. Cuando terminó el manuscrito en 1980, tuvo que volver atrás y reescribir el principio para homogeneizar el tono.

Según Saramago, tanto ese libro como los que siguieron han sido siempre la consecuencia de su ansiedad de comprender las cosas, de sus reflexiones sobre la vida. Estas reflexiones han dado para una extensa y particular obra, que es el motivo de que le galardonaran con el Premio Nobel en 1998.

Los libros de Saramago no son novelas convencionales, ya que todos están cargados de mensajes y, los últimos, de denuncias contra la sociedad moderna. Por eso se define a sí mismo como un ensayista que no sabe escribir novelas, aunque sus obras se lean como tales. Los mensajes más importantes que él ha procurado transmitir en sus obras, son, según él: que este mundo es horrible, y que estamos ciegos aunque no nos demos cuenta de ello  Ensayo sobre la ceguera; que no olvidemos, recuperemos a nuestros muertos  Todos los nombres  y que nunca hemos vivido tanto en la caverna de Platón como ahora La Caverna (de próxima aparición). Son estos tres libros, además, los que para él resumen su visión de la sociedad actual.

El Ensayo sobre la ceguera en apariencia trata de una epidemia de ceguera blanca que se extiende muy rápidamente, provocando el caos en una ciudad sin nombre. Los contagiados son puestos en cuarentena, y en su intento de sobrevivir se deshumanizan, dando lugar a un terrorífico relato que sin
embargo hace que una quiera seguir pasando páginas hasta llegar al final, para saber si esos desdichados tienen o no salvación.

Pero la novela  realmente habla de uno de los males de nuestro tiempo, que es esa ceguera con que la gente de hoy se auto-mutila para no tener que ver lo que pasa a su alrededor, ya que ese conocimiento suele ser perturbador.

Este libro, cuenta su autor, nació de forma inesperada, mientras en un restaurante, esperando a que el camarero le sirviera la comida, se preguntó qué pasaría si fuéramos todos ciegos, y casi de inmediato obtuvo la siguiente respuesta: "realmente todos estamos ciegos". Esta ceguera la define Saramago como la incapacidad de discernir entre lo que nos conviene y no nos conviene. Lo que nos conviene es proteger la vida y aprovecharla, y contribuir a un futuro mejor, pero como es obvio, muchas personas viven egoístamente, ajenas a lo que dejan para la siguiente generación.

El deseo de triunfo, en el sentido de obtener poder, dinero y fama, es la ceguera que borra todo lo que nos rodea, así como nuestra propia imagen, y dejamos de saber quiénes somos y en qué mundo vivimos realmente; es la ceguera de la razón. El propio Saramago confiesa haber pasado malos ratos mientras
escribía ese libro. Yo mismo no soportaba lo que estaba escribiendo, dice, y afirma que a veces tardaba siete días en escribir 4páginas; 4 páginas que se leen con la misma angustia que él sintió al redactarlas: yo no buscaba impresionar al lector, todo era una secuencia lógica en la que el horror iba creciendo.

 En la historia hay una sombra de esperanza, no obstante, en la
forma de un personaje que conserva la vista durante todo el libro, porque es la única capaz de sentir compasión. Es además, una mujer, ya que Saramago arguye que las mujeres son el soporte del mundo. La esperanza también existe en la forma del perro de las lágrimas, que simboliza la piedad y la compasión que últimamente parece más propia de un animal que de una persona.

Es este libro, en mi opinión, un espejo al que mirarse para hacerse la siguiente pregunta: ¿Qué puedo hacer yo para recuperar la vista y no volver a perderla?.

Saramago utiliza su pluma para describir los rincones oscuros del mundo, que los demás no quieren mirar, y pone de manifiesto las heridas de la sociedad. 

Le han acusado de tener una visión pesimista del mundo, pero mirado fríamente es la única visión verdadera del mundo actual, abocado a la deshumanización a menos que hagamos algo ya para evitarlo. El problema radica en que cuando crecemos, olvidamos y dejamos atrás al niño que hemos sido. Los niños, dice el Premio Nobel, "son signos de interrogación ambulantes", y se cuestionan todo, hasta que un buen día se resignan a no
preguntar, cuando se dan cuenta de que nadie les da las respuestas que buscan, y se les dice que tienen que hacer las cosas porque sí.

A la humanidad le podría ir mejor si aprendiéramos a ir por la vida de la mano del niño que hemos sido, sugiere Saramago. Es cuestión de retomar la costumbre de preguntar por qué cuando no entendemos las cosas, o manifestarnos en contra de las injusticias, o simplemente procurar ser mejores personas en vez de andar siempre acusando a los demás.

Para resumir su visión de la humanización del mundo, Saramago cerró el curso con una frase que además cita al principio de su libro de relatos, Casi un objeto:
Si el hombre es formado por las circunstancias, entonces hay que formar las circunstancias humanamente. (Marx y Engels, La Sagrada Familia).

Lo que dice Saramago 
Del arrepentimiento:
Para qué sirve el arrepentimiento, si eso no borra nada de lo que ha pasado. El arrepentimiento mejor, es sencillamente cambiar.
De la felicidad:
Me gustaría escribir un libro feliz; yo tengo todos los elementos para ser un hombre feliz; pero sencillamente no puedo. Sin embargo hay una cosa que sí me hace feliz, y es decir lo que pienso.
De convencer a los demás:
He aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro.
De la crueldad:
El hombre es el inventor de la crueldad. Sé que tengo que gobernar la bestia que llevo dentro; algo así hacemos con la razón; pero la crueldad es fruto de la razón. La misma razón que crea..
De ser escritor:
Yo no puedo escribir por el mero hecho de ser escritor, tengo que tener un motivo. El día que se me acaben las ideas, se acabaron los libros.

Esperemos que ese momento tarde mucho en llegar.


Lorraine C. Ladish
Escritora
n.13@luckynumber.com