DONDE NO ALCANZA LA PALABRA...

 

Apuntes al torno a la ayuda terapéutica que nos puede brindar el ejercicio guiado de la pintura.

 

“Donde no alcanza la palabra, las imágenes pueden nombrar lo innombrable, pueden describir lo indescriptible, pueden proporcionar alivio y pueden ofrecer una mirada a las profundidades del interior.” Quien así describe el alcance de la expresión pictórica es Jolanda Jacobi, analista jungiana y pionera a mediados del siglo pasado en incorporar sistemáticamente el ejercicio de la pintura y del dibujo a su quehacer terapéutico. Jacobi nos habla de una verdad que subyace a toda expresión artística y que no está sujeto a una escuela terapéutica determinada. En la expresión pictórica enfocada a ayudar a las personas a superar determinadas situaciones de conflicto o de crisis, el arteterapeuta  acompaña a la persona a un viaje creativo y curativo hacia si mismo. Es un viaje en el cual cada pintor o pintora determina el itinerario y la meta. Si lo que busca la persona es desarrollar su creatividad, el recorrido pintado será otro que si viene a buscar apoyo para atravesar una crisis depresiva.

El ejercicio de la pintura acompañado de una mirada y unas orientaciones terapéuticas es un vehículo privilegiado para explorar nuestro mundo interior. Un mundo que muy a menudo está escondido y discrepa bastante con la cara que mostramos a los demás. Con ayuda de la pintura podemos adentrarnos de forma creativa en nuestros aspectos escondidos y dándoles forma podemos aprender a aceptarlos. Pintando podemos descubrir facetas y capacidades nuestras ignoradas y aprender a observar nuestras situaciones vitales desde otra perspectiva. Pero por encima de todo, la pintura nos ofrece un espacio de expresión para nuestras necesidades creativas a veces largamente postergadas. Gracias a su amplio abanico de posibilidades, la pintura-terapia se puede enfocar tanto como una vía de desarrollo personal, como una terapia de apoyo eficaz para personas en dificultades físicas y psíquicas.

¿Pero cómo funciona esto? ¿Como me puede ayudar pintar cuadros? ¡Seguro que hace falta saber pintar para esto, y yo no he vuelto a tocar un lápiz desde el colegio! ¿Cómo puede mostrarme cosas de mi misma que ignoro?

Son preguntas y dudas que surgen de forma comprensible frente a una terapia de apoyo poco conocida. Me gustaría ahondar en ellas a través de una serie de artículos basados en los apuntes de taller que reúnen mis experiencias arte-terapéuticas de casi diez años: Una década acompañando la creación de imágenes pintadas que son fieles reflejos de vivencias y procesos llenos de esperanzas, de descubrimientos y de aprendizajes.

Hemos visto aquí en una ocasión anterior que esta forma de pintura-terapia  necesita de un espacio y de unos pocos requisitos determinados. El taller  es un espacio silencioso que carece de decoración, salvo lo necesario para pintar: Hay pinceles, espátulas, esponjas y unos pliegues grandes de cartulina. Para pintar las hojas se colocan con unas chinchetas en las paredes. Unas pinturas al agua de fácil manejo no suponen ningún obstáculo técnico. Las herramientas mas importantes son nuestras propias manos. El hecho de pintar directamente con las manos intensifica la vivencia de los colores y las formas y nos pone en contacto fácilmente con sus connotaciones emocionales.

Aunque se pinte en grupos pequeños, cada persona trabaja de forma individual y es orientada según sus necesidades. El grupo tiene una función de apoyo silencioso que facilita la escucha de nuestras propias necesidades y pone limites al habito extendido de opinar y enjuiciar. Una opinión buena o mala no sirve de nada a la persona que pinta, solamente la condiciona.

Una mujer consiguió, después de muchos titubeos y miedos, pintar una araña. El grito de asco y los comentarios despectivos de otra participante convirtieron a un animal huidizo y lleno de significados positivos para su creadora, en un animal repelente. Este grito interrumpió la tarea de la pintora y la araña volvió a esconderse. Necesitaba tiempo para volver a asomarse unos cuantos cuadros mas tarde.

El silencio durante las sesiones de pintar tiene además un sentido mas profundo para el trabajo terapéutico: Representa el respeto total a la expresión de cada uno. Respetar al otro en su forma de expresión conlleva poco a poco a una aceptación de los propios trazos y manchas. Solamente desde la aceptación de la expresión propia, de cuanto soy y puede expresar en este instante, puedo experimentar trazos mas atrevidos y usar colores inusuales. Sé que nadie me va a juzgar por ello. Desde esta aceptación de mis propios trazos puedo atreverme a experimentar el cambio deseado.

El deseo de cambio y de mejora es un fuerte motor vital que también impulsa el trabajo plástico. No hace falta “saber pintar”, hace falta el deseo de pintar. Y empujados por este deseo vamos aprendiendo a conocernos mejor y a encontrar nuestra forma particular y única de expresarnos. Porque cada persona tiene su inconfundible sello gráfico y aunque se exprese desde una situación de limitaciones personales a veces considerables, en este sello gráfico late mucho poder para la aceptación y la superación. Solo espera a ser descubierto.

Si bien el cuadro es el protagonista indiscutible en este abordaje terapéutico, no lo es desde una visión analítica. Los cuadros, sus colores y formas cobran sentido con respeto a la propia historia y las propias vivencias de cada uno. La palabra nos ayuda a comprender la experiencia, poniendo conciencia  al como hemos pintado y como  podemos relacionar nuestra forma de pintar y nuestras imágenes con nuestra forma de ser y de estar en la vida. Las imágenes que pintamos son a la vez un fiel testimonio de este hecho y el vehículo que nos permite la transformación.

De esto va a tratar precisamente esta serie de artículos: Como la pintura puede ayudarnos en nuestra transformación y en nuestro crecimiento personal. Veremos como es una valiosa ayuda para cerrar viejas heridas que lastran nuestro presente, como nos brinda apoyo para transitar por una depresión o como nos ayuda a afrontar la dolorosa perdida de un ser querido.

Si queréis hacerme cualquier pregunta relacionada con  los temas aquí tratados podéis mandarme vuestras cartas o dibujos a la redacción de Verde Mente y las contestaré en la medida de mis posibilidades. Un saludo y hasta la próxima vez.

 Katharina Widmer