LOS SIGNOS DEL ZODÍACO

COMO CAMINO

 

 

Podemos ver los signos del Zodíaco como “un camino dibujado en el cielo”, un camino de estrellas que simboliza el ciclo arquetípico que despliega todo lo viviente en la tierra.

 

 

 

¿Descubrió el hombre ese camino? ¿Lo imaginó? ...No lo sabemos. Pero podemos constatar que todos llevamos dentro las diferentes maneras de sentir la vida representadas por esa ruta.

¿Será por eso que algunos momentos o etapas de la vida nos resultan más fáciles o apetecibles, mientras que otros nos traen problemas o nos desagradan?... Hay quienes disfrutan iniciando cosas, pero luego se aburren de tener que continuar con ellas. Otros se sienten mejor cuando se trata de sostener, cuidar o mejorar lo ya existente; muchos sufren o dilatan las cosas cuando llega la hora de comenzar algo nuevo. Hay personas que disfrutan los cambios, explorar, experimentar; y hay quienes darían el alma por una estabilidad que fuera inconmovible. Algunos se manejan bien en la ambigüedad o la improvisación, otros funcionan mejor con objetivos, planes, organización. A veces somos de un modo en el trabajo y de otro en el amor. O cambiamos cuando viajamos. O parecemos tornarnos diferentes en distintos períodos de la vida...

Es natural. Es que nosotros mismos somos una mezcla de todas esas maneras de moverse y sentir la vida. Es decir, somos una combinación (diferente en cada uno de nosotros) de los doce signos.

Sin saberlo, recorremos ese camino cíclico una y otra vez, cada vez que iniciamos algo o que algo nuevo se abre en nuestra vida.

 

ABRIENDO NUEVOS CAMINOS

Al impulso creador, la fuerza desencadenante de todos los inicios, lo llamamos ARIES; energía de fuego, vitalidad pura, simple, directa, que rompe las inercias y pone en marcha procesos. Aries lleva a TAURO, que es el alimento, la acumulación de energía, la tierra lenta, receptiva, persistente, que hará posible que el impulso no quede en tal y pueda crecer. Luego viene GÉMINIS, la etapa de exploración, comunicación e intercambio de información, energía de aire, abierta, cambiante, versátil, que ensanchará los horizontes y posibilidades. Y luego CANCER: otra vez a cerrar y lentificar, esta vez para crear un espacio protegido, seguro y estable, nutrido por la energía emocional -el agua-, donde lo que se viene gestando pueda tomar una forma.

Tarde o temprano, LEO enciende nuevamente el fuego, esta vez el de la individualidad, partiendo en busca de su propio destino, su autorrealización, diferenciándose de aquello que lo ha criado. La etapa siguiente, VIRGO, es un retorno a la energía de tierra, que enseñará que todo existe dentro de un orden, que las cosas requieren su trabajo y su tiempo.

(Hasta aquí habíamos llegado en el número anterior. Vimos también cómo cada etapa sugiere por sí misma algunas cualidades y problemas típicos de cada signo. Sigamos.)

 

ENCUENTROS EN EL CAMINO

A su tiempo, el esfuerzo y la maduración de Virgo tienen su resultado: algo nuevo se abrirá. Eso es LIBRA, nuevamente el aire: la energía del encuentro, el descubrimiento y la aceptación del otro como un ser igual y distinto a nosotros, con quien podemos complementarnos. Energía plástica y armonizadora; con ella diseñamos la trama que sostiene las relaciones y los acuerdos, y creamos equilibrios y belleza. (En los humanos, la asociamos con adaptabilidad y sentido estético; y dificultades a la hora de decidir o elegir, contrariamente a su opuesto Aries).

 

Los encuentros despiertan emociones y deseos: cuando vuelven a agitarse las aguas, es que hemos llegado a ESCORPIO. Si el agua de Cancer expresaba el nivel de los sentimientos maternales, familiares y sociales, la de Escorpio nos llevará hacia las profundidades de la pasión. Intensidad y erotismo, el alto voltaje que se genera cuando el encuentro de los opuestos busca plasmarse a través de la fusión, que invita a la entrega, a llegar hasta el fondo y nos conecta con el gozo y el sufrimiento necesarios para las transformaciones. Como el volcán, es energía lenta, intensa y retentiva, salvo en su cíclica fase de exteriorización. (Se le asocian la firmeza de propósito, poder transformador; y también los enredos emocionales del deseo de control del otro y la tendencia a los extremos).

 

La pasión y la lucha nos condenan al encadenamiento mutuo si no logra uno alzarse por sobre ellas, lo cual ocurre usualmente después de que algo muera o se pierda. Descubrir un horizonte más amplio, una perspectiva que dé fluidez a la existencia, eso es SAGITARIO, el tercer y último fuego. Energía de síntesis, integración dinámica y jerárquica de los niveles de la realidad, plenitud de energía en movimiento armónico, confiando en la abundancia y sabiduría de la vida en todas sus manifestaciones y circunstancias. Energía del viajero, del encuentro con otras culturas y creencias, de la danza, la fiesta y la filosofía. (Vemos en Sagitario cualidades como la fe, la generosidad, la amplitud de visión; y dificultades con los excesos, el dogmatismo o la negación de los problemas).

 

CAPRICORNIO es nuestro último encuentro con el mundo de la  tierra en este viaje. Es el momento en que el deseo se concilia con la realidad: “Las cosas como son”. Representa la culminación del trabajo de construcción de formas que resuelven necesidades, integrándolas dentro de las leyes de lo posible. Capricornio es energía lenta, concentrada, austera y estabilizadora, de estructuras. (En los humanos la asociamos con sentido de responsabilidad, capacidad de logro; y problemas propios de la negatividad o dificultad para dar su lugar a las emociones).

 

YENDO MÁS ALLÁ

Un proceso se completó en Capricornio, logrando plasmar su esencia en una estructura, un tiempo y una ley. ¿Qué hay más allá de eso? ACUARIO, la tercera energía de aire, nos devuelve al espacio más allá de las formas, al inconmensurable mundo del cielo, abierto y en permanente autocreación. Es energía rápida, tan rápida que “escapa del tiempo”, es el contacto con el puro presente, sin memoria ni formas que lo condicionen. Es libertad y creatividad. Es la sabiduría de la intuición. Acuario es también energía grupal, de los grupos abiertos, reunidos por la empatía y el interés compartido, no por la dependencia mutua, y regidos por la verdad del corazón. (Le asociamos cualidades como la creatividad, la solidaridad social; y problemas para vivir “con los pies sobre la tierra”).

 

PISCIS es el final del camino, el retorno a la fuente universal. Tercera energía de agua, representa la sensibilidad que nos permite vibrar y resonar con todo lo que existe, sin distinciones, preferencias ni exclusiones. Energía lenta, sutil, hiperperceptiva, nos conecta con todos los niveles de lo viviente; también puede enredarnos en la ilusión de la fantasía. Piscis es el espacio de las imágenes, el momento donde las palabras ya no cuentan, el silencio reverente que nos abre a la contemplación de la eterna unidad en la cual el mundo interno y el externo son una y la misma cosa. (La asociamos con la compasión y la inspiración; también con la confusión o la evasión psicológica).

 

...¿Y después? ...Del mar pisciano siempre emerge un nuevo impulso de la vida, un nuevo Aries. Todo recomienza, una y otra vez.

 

GOIO MONTERROSO