|
La
cultura de la prevención
La cultura de la prevención, o ser mártir en mi entorno: ¿Se han dado
cuenta de las “competiciones de males” en cualquier conversación?; si
alguien pregunta (por cortesía) y tu contestas: “Bien, bueno, hoy tengo un
dolor de cabeza...”, la otra persona automáticamente tendrá migrañas
recurrentes..., o si tu te has torcido el pie, la otra persona tendrá
reuma, o artrosis, o si tu tienes dolor de espalda la otra persona,
osteoporosis o lumbalgias,... De modo que siempre estará más grave que tú,
pero si preguntas a la otra persona que hace para remediarlo,... se acabó
la conversación o te soltará la coletilla: “¡Ay hija!, yo ya no tengo
remedio”, y si realiza algún tratamiento, no lo realiza de forma
constante, y por supuesto te dirá: “A mí eso no me hace nada”.
Como
en el caso de 2 amigas que vinieron a mi consulta; era septiembre, y la
Sra. A era mi paciente, y la Sra. B era su acompañante, y cuando le
explicaba a la Sra. A las recomendaciones para el invierno, (es una señora
con problemas óseos y el invierno es una época muy dura para los dolores
óseos), la Sra. B replicó: “¡Ah!, Yo paso muy malos catarros, mándame
algo”. Ante el comentario, la recomendé el mismo preventivo y ambas lo
compraron juntas. Meses más tarde, en diciembre, volvieron a coincidir en
la consulta las dos amigas, y la señora B pasó indignada a pedir el mismo
trato de la señora A. “¡Apenas ha tenido un catarro, y yo no he salido de
la cama en dos semanas!”.- “¿Se tomó lo recomendado tal y como la dije?”.
-“Lo compré, en casa lo tengo”. _” ¿Lo tomó?” La repliqué. – “No.”.- “Pues
ya sabe la diferencia entre la Sra. A y usted.”Estoy segura que cualquier
terapeuta le resulta, de alguna manera, una conversación familiar. En mi
consulta no es el único caso pero sí el más gráfico de todos desde el
punto que la paciente, no solo NO se trató adecuadamente, sino que quiso
echarme las culpas de que el tratamiento no funcionara, ¿Hasta que punto
nos inhibimos de la responsabilidad hacia nuestro cuerpo? Podría entender
a una de 70 años que argumenta ser “demasiado mayor” para tratarse de un
bloqueo emocional de su adolescencia que le afecta ante algún que otro
complejo y algo más. No lo acepto (para mí nunca es tarde) pero puedo
comprenderlo, ella solo quiere que le quite los dolores (por ejemplo), y
mi trabajo es hacerlo en la medida de mis capacidades. Pero otra cosa es
la afición por ser “mártir y santo” que descubro ante mis congéneres. Eso,
ni lo acepto ni lo entiendo, aunque eso sí, lo respeto.
Hace algún tiempo estuve en china, estudiando. Aquello me marcó no solo
por la cultura tan diferente a la nuestra, creencias y formas; si no por
un comentario que resumía todas esas diferencia entre orientales y
occidentales.
Estando en clase en un hospital de medicina tradicional, y tras muchos
comentarios y reparos sobre las técnicas curativas y los procedimientos
usados allí; la doctora, se volvió hacia mí y me dijo: “Creo que en España
o en Europa no apreciáis mucho la vida, no solo no prevenís la enfermedad,
sino que no hacéis por curarla”. Observando el comentario y la cara de
tristeza de la doctora, todos nos quedamos callados sin nada que
argumentar y dándonos cuenta de la razón que había en sus palabras se hizo
un silencio, poco habitual, en la sala. Este comentario me dejó marcada en
adelante, tanto en mi vida privada como en la profesional, desde entonces
he aplicado la terapia preventiva en aquellos pacientes que han deseado,
con unos resultados más que satisfactorios, a pesar de la falta de
resultados rápidos, ya que en la prevención, los resultados solo se ven a
largo plazo. La verdad, es que aquellos que invirtieron en la prevención
vuelven cada año para NO sufrir los efectos de su enfermedad, la mayoría
de las veces más molesta que grave, como es el caso de las alergias, el
asma, los catarros, faringitis o gripes recurrentes. La prevención se
realiza siempre antes, mucho antes de la etapa crítica; de ese modo en
agosto fortaleceremos el cuerpo para el invierno, en enero para las
alergias o asma alérgico. Las alteraciones reumáticas, y un sin fin de
dolencias, que prefiero llegar a pensar, que tenemos tanta costumbre de
convivir con ellas que ya, ni nos preocupamos en solucionarlas. Y me
pregunto: ¿Somos conformistas con lo que nos pasa?, o ¿disfrutamos de lo
que en psicología se denomina beneficio secundario: O sea, el placer de
quejarse ante otros, no hacer ciertas cosas culpando a la enfermedad,... y
etc.? Reconozco que a pesar que las terapias alternativas cada vez cuajan
más en España, aún hay una fobia atroz por las agujas de acupuntura,
principalmente por parte de aquellas personas que NO han probado la
técnica (indolora en el 90% de los casos), o de aquellos que alegan en un
comentario mirándote por encima de hombro que solo sirve para quitar el
dolor y poco más, cuando es una rama, de una medicina (la medicina
tradicional china) que se usa con protocolos demostrados desde hace más de
3000 años. El uso o efectividad de la a acupuntura es algo que no me voy a
discutir, a mi juicio es algo que no se basa en “creencias” (por mucho que
algunos se empeñen).
También he observado que hay un rechazo a tratarse los bloqueos
psicológicos, a mi juicio, por no responsabilizarnos de nosotros mismos y
eludir constantemente la verdad que nos demuestra, que nosotros nos
provocamos nuestras situaciones. Sea cual sea el procedimiento o
procedimientos usados (normalmente, ninguno nos libramos de necesitar una
terapia físico y mental), hasta que rompemos barreras, no sabemos “lo bien
que me puedo llegar a sentir”, y eso, no tiene limites (si uno quiere,
claro). Además hay que tener en cuenta, que ni todos los terapeutas son
iguales, ni todas las terapias. Buscar y probar cual nos viene mejor es
labor personal.
Quizás quiero pensar que la cultura del médico para todo, nos impide ver
que un simple masaje regularmente activa la circulación sanguínea y por
tanto mejora todos los sistemas, por que la sangre es la vida, y
drenaríamos las toxinas que acumulamos día tras día, y eliminaríamos gran
parte del estrés y sus consecuencias tanto musculares como anímicas. Pero
supongo que para todo hay que querer, y probar terapeutas, profesionales
válidos. Siempre hay que tener en cuenta que cada persona, y por tanto
cada cuerpo, es único, y cada terapia, cada patología y cada persona no se
tratan igual, acupuntores, kinesiólogos, masajistas, osteópatas,...
(Además, señores/as, tengan en cuenta que ni todos los masajistas usan la
misma técnica, ni todos los acupuntores el mismo protocolo). Pero sea cual
sea la predilección de cada uno, desde mi vocación me gustaría inculcar,
eso que yo aprendí con pena en el alma: ¿Por qué curar cuando se puede
prevenir? Espero sinceramente que el placer por vivir la vida tal cual es,
nos empuje, sin hipocondrismos, a valorar mente-cuerpo-alma, y a cuidarlos
con el respeto que merecemos. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de
vivir, ¿NO?; Pues hagámoslo disfrutando.
Beatriz Colmenarejo.
Acupuntora-Quiromasajista.
|