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DEPENDENCIA, AUTOESTIMA Y ADICCIONES:
PODEMOS CAMBIAR
DEPENDENCIA: La dependencia emocional es una situación de inmadurez
causada por un trauma infantil, originado a su vez por una falta de apego.
Nos hemos encontrado con tres términos que debemos aclarar: Apego:
Necesidad de atención emocional durante la primera etapa de la vida, que
le debe proporcionar seguridad de supervivencia y aceptación en el niño.
Trauma infantil: Trauma: herida. Es un suceso que produce un dolor
emocional y que ocurre en la primera etapa evolutiva (de 0 a 6 años).
Inmadurez: Es la falta de independencia emocional, capacidad de desarrollo
de las cualidades propias, conocimiento y control de nuestras deficiencias
emocionales.
Un niño, en sus primeros años, se da cuenta de que no puede valerse por sí
mismo. Para cubrir sus necesidades físicas elementales (alimentos,
vestido, refugio y descanso) las reclama, llora, se aferra. Pero también
tienen necesidades psicológicas básicas, que son igual de importantes para
su supervivencia emocional (afecto, protección, apoyo) y también los
reclama y los exige. Esta necesidad de dependencia afectiva es lo que
llamamos apego. Este apego dura, y debe durar solo, hasta los 3 ó 4 años.
Sufrir la falta del apego necesario en la infancia, nos hace: sentirnos
abandonados No somos dignos de amor Somos culpables de ser “malos” y por
eso no nos quieren Necesitamos hacer ver a los demás que somos merecedores
de ese amor que se nos niega Dependemos de los otros para que nos digan
que somos “buenos”.
La memoria de estas situaciones de falta de apego es visualizada y
registrada como una imagen. Y esta imagen es intemporal. Cada vez que se
reproduce una situación similar a la que produjo el trauma, reaparece la
emoción. No importa el tiempo que haya pasado, pues no ha llegado nunca a
racionalizarse. Siempre se reproduce como una emoción.
Esta situación de dependencia emocional, si no es reinterpretada, nos
acompañará el resto de nuestras vidas.
Aparece entonces un nuevo concepto:
AUTOESTIMA: Lo definiremos como la capacidad para aceptarse y amarse uno
mismo. La dependencia emocional pone el valor personal y el merecimiento
(lo que valemos y lo que merecemos), que nos debemos dar a nosotros
mismos, en manos de los demás. La opinión de los otros es la que va a
decidir que nos sintamos valorados o capacitados como personas.
Los niños que sufren “ofensas”, perturban la imagen que tienen de sí
mismos, su autoconfianza y su amor propio. Incorporan a su imagen valores
negativos.
Posteriormente, en su crecimiento las personas con baja autoestima
desarrollan mecanismos de compensación. Para sobrevivir a la lesión
producida en su persona, y superar las creencias negativas que asumió en
su infancia, crea un mundo interior que le sirva para convencerse de que
se gusta a sí mismo, aunque tenga que pasarse toda la vida fingiendo o
engañándose.
Por tanto, el concepto de autoestima (BRANDEN) se basa en un:
- Sentimiento de capacidad personal (competencia): Ser capaz de confiar en
uno mismo. Apto vs/ inútil.
- Sentimiento de valía personal (merecimiento): Respeto por uno mismo como
ser valioso. Acertado vs/ equivocado.
La falta de control sobre nuestras capacidad y valía genera una
insatisfacción personal que se pretende cubrir mediante las ADICCIONES. La
adicción es un síntoma secundario de la dependencia, como veremos más
adelante.
Por tanto, los dependientes son personas inmaduras o infantiles hasta el
punto de que su estado les plantea dificultades en la vida, siendo
incapaces de mantener una relación saludable consigo mismos y con los
demás.
Los síntomas primarios son:
1. Dificultad para asumir adecuadamente su propia realidad; es decir, para
identificar quién se es y cómo compartir eso adecuadamente con los demás,
para conocerse.
[CONOCERSE: Apreciar y dar nombre a las propias cualidades]
Son seres: aislados, hiperactivos, radicales.
2. Dificultad para afrontar de un modo interdependiente las propias
necesidades y deseos como adulto; es decir, para cuidarse a sí mismos.
[CUIDARSE: Afrontar las propias necesidades y deseos como adultos]
Son los: salvadores, infantiles, amargados, víctimas y mártires.
3. Dificultad para experimentar y expresar la propia realidad con valentía
y moderación; es decir para tener control y confianza en sí mismos y
respeto a los demás.
[CONTROL/CONFIANZA/RESPETO: Manejar y moderar las emociones y
encauzarlas/Aprender de los errores. Saber admitir las carencias y
establecer valores propios/Compartir, empatía, admitir emociones,
escuchar, comprender otros sentimientos
Son los: agresivos, mentirosos, manipuladores, prepotentes.
4. Dificultad para mantener límites funcionales sanos con las demás
personas; es decir, para protegerse y respetarse a sí mismos. Son:
[PROTEGERSE/RESPETARSE: Crear relaciones adecuadas, reconocer conflictos,
dar soluciones/Establecer límites funcionales adecuados].
Son los: sumisos, poco sociables, vengativos, frustrados.
En definitiva, los dependientes tienen dificultad para experimentar
niveles apropiados de autoestima; es decir, para amarse a sí mismos.
Los síntomas secundarios son:
1. Control negativo
Los dependientes, o bien tratan de controlar a los demás diciéndoles cómo
deben ser para sentirse reconfortados, o bien permiten que los controlen
para que los demás se sientan reconfortados.
2. Rencor
La personas dependientes utilizan el rencor como una forma inútil de
protegerse a sí mismos y recuperar su autoestima. Cuando se abusa de una
persona, ésta experimenta dos cosas:
ß Una disminución de la autoestima
ß Una profunda necesidad de dejar de ser víctima
La cólera da a las personas sensación de poder y la energía suficiente
para protegerse (lo que en cantidades equilibradas es saludable). Pero si
ésta se convierte en la necesidad de castigar al ofensor o de buscar
venganza, entramos en el rencor. Este rencor existe aunque no llevemos a
cabo el castigo o la venganza real.
El rencor recuerda al dependiente su papel de víctima (esto es, el
sentimiento de vergüenza, de cólera, de frustración). En definitiva, es la
trampa que utilizan para echar la culpa a los demás de su incapacidad para
establecer límites saludables, es decir, para protegerse a sí mismos.
3. Espiritualidad deteriorada
Cuando hablamos de espiritualidad, estamos hablando de trascendencia, es
decir, de lo que va más allá de nosotros mismos. La falta de autoestima
lleva al egocentrismo. Es una forma de protegernos cuando percibimos que
otros nos quieren hacer daño y no somos capaces de afrontar esta
situación.
Para cubrir sus necesidades, convierten a otra persona en un poder
superior a través de la adoración, el desprecio, el odio, el temor. O
intentan ser el poder superior del otro. Este síntoma es doloroso y daña
su salud y equilibrio mental.
4. Adicciones
Como no reconocen el fracaso en la relación consigo mismos, los adictos
establecen una relación perfecta con su objeto adictivo. La intención es
suavizar el dolor interno y obtener una relación y atención incondicional
con el objeto de su adicción, de la que recibe placer, amor y un estado
falso y transitorio de felicidad.
Pero, como hemos dicho, esta relación debe ser perfecta y sin fisuras.
Todo está supeditado a su consecución. Y, por desgracia esta relación
adictiva no lo es solo con sustancias o actividades, sino también con
personas, lo que nos lleva a las actitudes posesivas y a los malos tratos.
5. Dificultad con la intimidad
La intimidad supone compartir nuestra propia realidad y recibir la
realidad de los otros sin que ninguna de las partes juzgue esa realidad o
trate de cambiarla. Si las personas dependientes no pueden identificar
quiénes son, o cómo son, no pueden compartir su realidad con los demás, no
pueden comprobar que tienen unas percepciones que son inmaduras y, por
tanto, continúan teniendo relaciones dolorosas con los demás.
Hemos visto los conceptos y la relación entre dependencia, autoestima y
adicciones, y los síntomas que pueden identificarlos.
Pero quisiera escribir, para acabar, un mensaje esperanzador:
“Las cualidades emocionales pueden aprenderse y desarrollarse: Podemos
cambiar”.
CARMEN CAYUELA
Psicoterapeuta CENTRO CAMINA
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