|
SOLO LA
PACIENCIA INFINITA CREA RESULTADOS INMEDIATOS
Si repetimos y reflexionamos
“pacientemente” sobre esta frase descubrimos que la paciencia es la
cualidad imprescindible para alcanzar cualquier objetivo aquí en la
tierra.
Nuestra mente, que normalmente está muy acelerada repasando un pasado
conflictivo e imaginando un futuro temeroso, no es conocedora de esta gran
herramienta, tan útil para poder llegar a trascender y alcanzar cualquier
estado de luz que es en definitiva a lo que todo ser humano aspira.
Nos pasamos gran parte de la vida proponiéndonos objetivos ambiciosos y
una vez alcanzados, descubrimos que seguimos insatisfechos, y entonces
nuestras mentes siguen generando más y más deseos. Hasta que tal vez, un
buen día, descubramos que sencillamente estábamos buscando OBJETIVOS
ILUSORIOS y empecemos a darnos cuenta de que nuestro único objetivo
sensato sería alcanzar la Paz de Dios. Y es entonces donde la paciencia es
un requisito imprescindible. Podríamos hablar de muchos casos donde
nuestra paciencia es imprescindible. Y aquí como ejemplo citaremos uno
habitual:
Estamos en plena ciudad y nos encontramos en medio de un atasco. Por si
era poco tenemos una cita a una hora determinada y vamos con el tiempo
justo. Aquí tenemos dos opciones y siempre podemos elegir.
La primera de ellas sería aumentar nuestro nivel de tensión y de estrés
generando así pensamientos preocupantes y estresantes, que desde el punto
de vista humano siempre sería razonable y además el más habitual: ¡Qué
horror, qué asco de vida, vaya un coñazo, por si era poco encima esto!,
etc.
La segunda opción sería elegir la paz mental. Podemos elegir ofrecer ese
instante a Dios y comenzar a sentir que su presencia pacífica y amorosa
jamás nos ha abandonado y que se encuentra allí, dentro de nuestra mente
en ese preciso instante. Pidamos a esa presencia amorosa que nos inunde de
pensamientos de luz y empecemos a extenderlo por todas las mentes, por
todos los conductores que allí se encuentran. Y entonces, al extender la
paz mental la obtendremos como resultado, pues no existe nada,
absolutamente nada separado de nosotros, y todo lo que damos nos lo
estamos dando también a nosotros mismos.
Y también, si lo deseas, le puedes entregar al Espíritu Santo tu posible
retraso para que todo quede de la forma más armoniosa posible para todos
los implicados.
Esto cambiaría automáticamente nuestro estado mental. Dejaríamos de sentir
ira para experimentar paz, amor y equilibrio.
Algunos podrían pensar que ésta es una forma muy romántica y encantadora
de ver la vida pero que a la hora de la verdad esto es imposible llevarlo
a la práctica.
Yo les diría que solo hace falta un verdadero deseo de alcanzar más paz y
plenitud en su vida y sobre todo un entrenamiento del músculo mental. Pues
la mente al igual que cualquier otro músculo hay que entrenarla y
disciplinarla. Y cuando practicamos una y otra vez ante situaciones
similares la misma respuesta mental, poco a poco comenzamos a hacer real
en nuestra vida otro estado mental que tiene que ver con nuestra verdadera
esencia o nuestro verdadero ser.
Con amor,
Carolina Elena
Reflexiones basadas en un curso de Milagros
|