Kado / Ikebana
El Camino de las Flores


Caminar con las flores es como danzar en el espacio; uno descubre el eco de su ser reflejado en cada movimiento, cada rama, cada color.

 Kado consiste en encontrar la forma de uno mismo y expresarla en un diálogo abierto y natural, hablar con el entorno a través de las flores, portadoras eternas de la verdad, reencontrar nuestra naturaleza, nuestro yo personal. Es respetar lo vivo y el carácter sagrado de las cosas, descubrir que lo bello está en nuestro interior, que todo se transforma y hasta el alma parece reciclable. Kado es sentir el miedo de vernos reflejados en el espejo amable de las flores y superar las ganas de escondernos, hallar entre sus hojas nuestros miedos pasados y superar de nuevo ese deseo de movernos hacia ninguna parte; es mirar con los dedos, sentir con la mirada, respirar con la piel y percibir que estamos fabricados de la misma materia, que somos nada, impermanencia, espacio, nada, “un camino a seguir”, con esas flores, compañeras de viaje, sabiamente entrenadas para mostrarnos esa sabiduría que llenará el espacio donde las colocamos, con orden, con decoro, con respeto, con técnica.

Entre el cielo y la tierra, tú, tocándolos, componiendo la dulce melodía que llegará a tus ojos terminada, generosa, atrevida, para contarte un poco más de ti, y el corazón bailando entre las ramas, moviéndose con gracia porque se siente libre y decidido a entregarse de nuevo, una vez más.

Tus ojos, tus dedos, un corazón que desea expresarse y la naturaleza, aliada feliz de nuestro intento... Mil escuelas, mil técnicas y un único camino..... El de las flores. Aprende el corazón a descubrir su luz, a observar los capullos que miran hacia lo alto, a decir la verdad, esa verdad que está en nuestra naturaleza. Aprenden nuestros ojos a ver detrás de lo visible y nuestros dedos aprenden a tocar, a sentir, a leer en las ramas el delicioso poema. Aprende nuestro cuerpo de esa postura digna y majestuosa de la flor, que inclinada, nos brinda su alegre reverencia. Aprendemos tú y yo y ellos sin distinción de edad ni de conocimientos, porque somos lo mismo, porque estamos tejidos de misterio y de sabiduría, porque estamos dispuestos a entregarnos a ese dulce contacto del agua de la vida sin más, sin intenciones, sin pretender ser nada más que eso que ya somos y ellas, nuestras amigas, nos ayudan a ver.

Ikebana es la base, la materia, el instrumento, perfecta relación de armonía entre los elementos. Es nuestra tradición, nuestra leyenda, nuestra forma más bella de transmitir belleza. Es disciplina y técnica y es también devoción y ritual. Ikebana son horas de atención y de trabajo, de humildad, de paciencia y de perseverancia, una forma de estar agradecidos a la naturaleza; es respeto y es vida, un paso más hacia nosotros mismos descubriendo que fuimos moldeados por la misma mirada que moldeó a la flor. Los ojos del espacio, ese lugar anónimo, invisible que empieza a tomar forma en nuestras manos, dejándose tocar, moldear. Ese espacio se brinda a nuestro juego, se abre, se ofrece y se despliega como la cola de un pavo real, se hace visible y se transforma en parte de nosotros. ¡Lo hemos tocado!, le estamos dando forma y él se somete a nuestras manos como si fuera arcilla, generoso y brillante. Y entonces ese otro espacio nuestro, el interior, se contagia, comienza a transformarse y una suave energía sin palabras comunica a los dos. No estamos solos. No vivimos aislados ni estamos separados, somos espacio.

Kado consiste en apreciar el mundo, la espina de la rosa, su aroma, su color, su porte delicado, en curiosear por todos los rincones hasta encontrar ese punto esencial de cada cosa, con paciencia, sin ruido, aceptando que somos imperfectos y hasta el aroma de la rosa sangra. Porque todo florece desde su interior, tan sólo es necesario recordarle a cada cosa su encanto, tratar cada elemento como si fuera único, sagrado; protegerlo, cuidarlo, darle brillo y entonces disfrutar de su belleza. No ponerle etiquetas, no limitar su forma, aceptar los defectos o partes más oscuras porque todo es perfecto por sí mismo, porque cada elemento nos enseña.

Kado es poner el corazón en nuestros dedos y tocar el espacio de otros corazones. Y es bendecir el hecho de estar vivos y poder expresarnos y viajar hacia el espacio cósmico donde se reside la elegancia primordial.

Juana Piney
Tutora de El Bosque. Centro de desarrollo humano