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DIABLILLOS ENERGÉTICOS
Vivimos rodeados de energías, unas favorecedoras y otras no tanto. El ser
humano posee la capacidad innata de detectar corporalmente las energías.
Escuchando su cuerpo se apartará de las zonas de energías negativas y se
moverá hacia las de energías positivas.
Les
he puesto el nombre de diablillos energéticos a las zonas que la
geobiología y la radiestesia occidental considera zonas geopatógenas, o
perjudiciales para la vida, y se lo he puesto en honor a cómo los chinos
llamaban a las zonas geopatógenas: “Las puertas de los diablos”.
Independientemente de los diablillos naturales como fallas, ríos
subterráneos... que a veces son difíciles de neutralizar; nosotros hemos
llenado alegremente nuestras casas de otros diablillos energéticos: los
electrodomésticos. No estoy diciendo que debamos volver a hacer todo a
mano, solo que debemos tener cuidado dónde los colocamos.
Algunos electrodomésticos son más diablillos que otros, los diablos
mayores de la casa son el microondas y las pantallas de televisión, éstas
últimas mucho más dañinas, pues han conseguido colarse en zonas más
íntimas que los microondas, que no suelen salir de las cocinas.
Los diablos televisivos nos agreden desde las pantallas de televisión
instaladas en dormitorios, o en cuartos pequeños, y las pantallas de
ordenadores.
Algunos padres se quejan de que sus hijos son hiperactivos, pero
normalmente con solo echar un vistazo a la habitación del jovencito se ve
la causa “diablesca” de tal hiperactividad; habitaciones pequeñas con
algún televisor portátil, a un metro de la cama.
Encima de la cabecera el equipo de música, que es un diablillo menor, y
como mesilla de noche el teclado, pantalla, impresoras, modem y demás del
ordenador, y como guinda del pastel: el móvil.
Pero, ¿qué es lo que nos afecta de los electrodomésticos? El ser humano
posee un cuerpo bioeléctrico, con cargas de muy pequeña intensidad, pero
extremadamente sensible a las variaciones energéticas del entorno. Los
aparatos con motores, tubos catódicos, y demás parafernalia
eléctrico-electrónica, crean un campo magnético a su alrededor que varía
desde algunos centímetros, como es el equipo de música, o una lamparilla
de noche a 4 ó 5, como ocurre detrás de las pantallas de televisión. El
campo magnético de las televisiones atraviesa las paredes como si tal
cosa, y abarca por delante casi 80 centímetros. Sólo estando apagados y
desenchufados (cosa que nadie hace) se limita este campo. Las televisiones
en color, pueden llegar a tener tres metros por delante de la pantalla con
lo que sentarse justo enfrente de la pantalla, a menos de tres metros,
están metidos en un campo magnético que está alterando su sistema
nervioso, los intercambios celulares... etc. de su cuerpo.
La solución es ponerse a más de tres metros, o un poco en diagonal a la
pantalla de la televisión para que así nos afecte menos.
También hay que tener cuidado con tener la parte de detrás de la tele
apuntando hacia la cama, aunque haya un tabique por medio ya que estos no
son ningún obstáculo para el campo magnético. Si los hubiese deberíamos
girar la televisión cuando vayamos a dormir, para que la parte de atrás
quede paralela a la pared, y no la atraviese.
Los expertos chinos de feng-shui, consideran que la electricidad pertenece
al elemento fuego, si tocamos un cable lo comprobaremos rápidamente con la
quemadura que nos hará el chispazo. En las zonas de dormir, muy
importantes, pues allí recargamos las pilas de nuestra salud, debe primar
el elemento agua, la tranquilidad, así que debe haber la menor cantidad
posible de aparatos eléctricos y aquí incluyo los radio-despertadores,
siempre cerca de la cabeza. Si lo hacemos así, nuestros nervios, sueño y
salud general nos lo agradecerán.
Con unas cuantas recomendaciones sencillas, un poco de disciplina y
prácticamente sin ningún gasto se pueden paliar estas radiaciones de
manera que no nos influyan y no tengamos que ir por la vida “cargados” de
“chispas” e “irradiando” lo que hemos ido captando.
ITIEE
Instituto de Terapias Integrales y Enseñanzas Energéticas
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