CHEMA PASCUAL

CHEMA PASCUALINSTRUMENTOS PARA EL ALMA
Su vida ha girado alrededor de la música y los viajes. Crítico musical, creador de programas radiofónicos y estudioso de los sonidos místicos. En 1995 funda Ritual Sound, cuya filosofía es viajar a las diversas culturas del mundo y recoger los Instrumentos Sonoros que usan para conectar con Deidades, ancestros o formas de poder, y en último caso, para adentrarse en uno mismo.

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Musicoterapía. Sanar con arte

244 MUSICOTEAfortunadamente la musicoterapia hoy en día goza de buena salud. Se utiliza como servicio de apoyo a personas con discapacidad, a enfermos y servicios paliativos, en centros de asistencia y hospitales. Pero, sobre todo, en tratamientos con niños y adolescentes con síntomas de autismo, así como todo tipo de enfermedades mentales.

 

Hoy nos vamos adentrar en el sonido sanador de la mano del musicoterapeuta, José Manuel Pagán. Nacido en una familia de músicos, pronto ejerció la profesión familiar, y tocó con grupos como La Orquestar Platería, Gato Pérez o Sisa. Después, compuso música para cine donde llegó a recibir un premio Goya por la banda sonora de la película Pan Neri.
Un poco decepcionado con su profesión, se formó como musicoterapeuta y hoy en día ejerce en seis centros con diferentes colectivos de discapacitados en el área de Barcelona. Hoy vamos a conocer su labor un poco mas.

 

¿Con qué tipo de personas has visto que tiene más efecto la musicoterapia?
En general se trata de una técnica que es útil en multitud de discapacidades y trastornos mentales. Trabajo mucho con niños con serias discapacidades como el autismo o parálisis cerebral. También con personas con alzhéimer –dirijo corales de personas con este problema– y con enfermedades mentales y neurodegenerativas. Para todas estas enfermedades puedo garantizar que la musicoterapia es una herramienta maravillosa, que da resultados sorprendentes y sobre todo, llega donde no lo hace la medicina convencional.

¿Cuáles son las propiedades que ha de tener un instrumento para que funcione en musicoterapia?
El instrumento es muy importante. Es el portador del mensaje sanador que el terapeuta quiere transmitir al enfermo. Por ello, la principal virtud que debe cumplir un instrumento es que su sonido sea en sí mismo sanador. Es decir, que tenga inmediatamente una injerencia en el cuerpo del paciente, que sienta su vibración y quede atraído por ella de forma instantánea.

¿Y tu instrumento favorito cual sería?
Seguramente cada terapeuta te diría el suyo. En mi caso te puedo decir, sin ningún género de dudas, que es el Tambor Chamánico. Su sonido es tan bello que consigue fácilmente atraer a los niños con mayores deficiencias, todos quieren tocarlo y el sonido rítmico actúa como motor de las sesiones.

¿Cómo hay que acercar la música a estas personas, ¿como un divertimento, algo diferente, un arte?
Lo primero es utilizar la música como un elemento de creatividad y que sea simultáneamente participativo. Yo toco la guitarra o el acordeón, por ejemplo, y entre todos vamos dando forma a canciones o temas en donde todos participan y se integran.

224 ILUS CHEMA web¿Utilizas también la sonoterapia verdad?
Sí desde luego, pero la sonoterapia llega al paciente de una forma más receptiva que dinámica. Aquí la vibración es lo más importante, creando todo un mundo de sonoridades. El sonido de los cuencos tibetanos o los gongs, por ejemplo, va penetrando profundamente en el cuerpo del paciente. Las células se van alimentando de esa sustancia hasta que acaban llenas, como una planta que acabas de regar con agua limpia.

A priori, la percusión parece agrupar y entablar canales afectivos entre personas. ¿Lo has experimentado? ¿Tienes algún ejemplo?
La percusión es lo más básico y esencial de la música. Es donde mostramos nuestra parte más íntima, instintiva y ancestral. El compás nos dice que todos estamos hechos de lo mismo: de carne y de sueños. Por ello, en las sesiones rítmicas, los pacientes sienten fundamentalmente una sensación de unidad y, al finalizar, parece que han realizado un viaje todos juntos.

Hay sonidos que, aunque no curen, calman, ayudan a soportar el dolor o la enfermedad.
En efecto, hay sonidos armónicos que están pensados para ayudar. En occidente es un erial en cuanto a que no hay músicas hechas para sanar. Otras culturas, como las orientales, se han preocupado de que haya sonidos que ayuden a la salud: Flautas nativas, cuencos tibetanos, sánasulas, tambor chamánico, Ney sufí…. Son sonidos que hacen crecer la armonía en el cuerpo, lo cual hará sentirse mejor y aplacar el dolor.

Se ha oído hablar mucho de tu trabajo con “LA ORQUESTRA DE LA BONA SORT”. Cuéntanos la experiencia con estas personas.
Es una orquesta de rock formada por personas con problemas mentales, concretamente esquizofrenia paranoide, una enfermedad gravísima. Empezamos hace 15 años en un centro con una persona que tocaba la batería. Se fueron uniendo pacientes y formamos un grupo estable con el que tocamos por toda Cataluña, ¡incluso hemos tocado en Berlín!
Esta orquesta ha demostrado de lo que son capaces de hacer personas con este tipo de enfermedades mentales. Y lo más importante, ha dado pruebas de que la música puede ser un canal sano para que muchas personas logren comunicarse con el exterior.

¿Quieres aportar algo más a esta entrevista?
Me gustaría animar a las personas que viajan a lugares lejanos en busca de instrumentos sanadores, que sigan haciéndolo. Su labor es muy importante, ya que nos proporcionan las herramientas para ayudar a estos colectivos tan sensibles.

Chema Pascual

 

La Magía del tambor

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Hay una famosa escena en la película 2001: Odisea en el espacio, en la que aparece una tribu de australopitecos bebiendo en una charca. Uno de ellos desentierra un hueso y siguiendo su impulso, comienza a golpear la tierra con él. Primero tímidamente, después rítmicamente, por último violentamente. En esta alegórica escena, su director Stanley Kubrick quería representar lo que fue uno de los momentos más significativos en la evolución del hombre: el encuentro con la herramienta.
EL TAMBOR AFRICANO O DJEMBÉ
Sabemos que ese hueso se emplearía como arma de dominio, pero intuimos también que servía para golpear el tronco de un árbol hueco y usar su ritmo como llamada de alerta, de búsqueda o de socorro. Evidentemente no quedan huellas de ese pasado, pero el tambor africano o Djembé, posee las marcas del camino milenario que el hombre debió recorrer hasta llegar a nuestros días. De hecho hoy, tal y como lo conocemos, el djembé sigue siendo un tronco ahuecado en forma de copa, recubierto con una piel de animal, usado para crear ritmos sonoros que conviven con los espíritus de la naturaleza. Un momento evolutivo que apenas ha sufrido transformaciones.
Llevar el ritmo con las manos forma parte de nuestra esencia, y golpear con ellas un tambor, nuestra tradición más lejana. Existe tal conexión entre manos y una parte de nuestro cerebro, que tocar persistentemente un tambor, nos puede llevar a una sensación de éxtasis o trance. La mecánica simple es la siguiente: al crear el ritmo con ambas manos, combinado distintos sonidos y repetirlos en secuencias regulares, va llevando al músico a un estado de trance o éxtasis.
LOS CIRCULOS DE TAMBORES
Nuestro amigo Félix Ballesteros, articulista de esta revista y recientemente desaparecido, repetía incansablemente: “al tocar el tambor estamos liberando hormonas como la dopamina, responsable del placer y la motivación, la serotonina responsable del estado de ánimo, y las endorfinas, que nos hace sentir más felices y contentos”. En sus círculos de tambores, a Félix no le importaba que la gente tocara bien o siguiera el ritmo, lo que buscaba era “exteriorizar las emociones sin miedos ni complejos, para limpiar las energías estancadas”. Tenía mucha razón Félix cuando tozudamente recalcaba que “cada golpe de tambor nos sumerge en la creatividad pura y nos conecta con el hemisferio derecho, donde las emociones no se juzgan, de forma que los sentimientos se liberan y se expresan de una forma creativa natural”.
Tocar en círculos de tambores es un acto de tribu. Se crea de forma natural una complicidad con el otro a través del ritmo y el compás, que nos hace crecer hacia fuera, indagar en el sonido que emana ya no de uno, si no del conjunto. Nos vemos desde una perspectiva comunal, donde no hay separación de uno a otro y todos construimos la vida que compartimos. No es de extrañar que en empresas donde se cuida el ambiente de equipo, se están introduciendo los círculos de tambores con el fin de engrasar la cooperación, entrega y dinamismo.
223 ILUS CHEMA1 webVIAJE CON EL TAMBOR CHAMANICO
El neochamanismo está siendo todo un fenómeno en el mundo de las terapias naturales. Su accesibilidad y diferentes formas de mostrarlo, está naturalizando un poder que antes se creía sólo en personas dotadas especialmente para ello.
El viaje chamánico ya no precisa de una ingestión guiada con plantas sagradas. Muchos prefieren buscar el estado de consciencia alterado necesario para el viaje, de una forma más simple y natural, usando el tambor chamánico, acompañado de su maraca o sonaja.
Se ha comprobado que siguiendo un ritmo continuado de golpe de tambor a unos 220 ciclos por minuto, la mente entra en el estado ampliado o de éxtasis necesario para el viaje. La técnica para tocarlo no es complicada, pero sí es necesario tener unos conocimientos mínimos para que sea posible acceder a los guías y espíritus de poder, que guiarán el viaje hacia el objetivo sanador necesario.
El toque resonante, el toque profundo, el golpe seco, el golpe violento, la sonaja como serpiente, la maraca de agua, el ritmo de camello, el compás que se acelera, la piel que susurra, la piel que habla. El mundo del sonido nació con la magia del tambor.

Chema Pascual

El Hand Pan. Sonido místico de occidente

 

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El Hand Pan es un instrumento relativamente moderno - del 2000 aproximadamente - que se elaboró en Suiza por primera vez y fue conocido con el nombre de hang drum. Hecho de acero nitrurado, y con una forma que recuerda un platillo volador, su sonido melódico se hizo bastante popular, a pesar de que sus creadores no pudieron sostener su éxito pues no dejaban que otros fabricantes hicieran variantes y tampoco ellos podían abastecer sus propios pedidos.
Hace unos años el hang se dejó de construir por sus fabricantes originales, pero mantuvo abierto su desarrollo a diferentes artesanos que han dotado al instrumento de mayor diversidad y calidad. De hecho, se está imponiendo como el instrumento que consigue aunar diferentes tradiciones místicas y que convergen en una intención moderna espiritual.
El sonido hipnótico que desprende, producido por los armónicos del metal, recuerda instrumentos ancestrales como el cuenco tibetano o el gong. Al igual que éstos, el Hand Pan crea un estado de relajación y calma, asociado a la liberación de serotonina. Por otro lado, el ritmo que aportan nuestras manos percutiendo el metal a modo de tambor africano, puede generar un sentimiento de trance. Por último, la melodía creada por la combinación de notas afines, producen una liberación natural de dopamina y endorfinas, lo que se puede resumir en una sensación sumamente placentera.
LABORIOSA FABRICACIÓN / PLACENTERA EJECUCIÓN
A pesar de ser un instrumento moderno, la elaboración de un buen Hand Pan requiere un gran conocimiento del metal y una paciencia infinita a la hora de afinar cada nota. No hay manera de mecanizar la producción y todo ha de hacerse manualmente. A golpe de martillo, se va hundiendo el metal con precisión hasta que un perímetro concreto proporcione la nota elegida. No nos extrañe pues que sea difícil hallar un buen Hand Pan y que no sea barato.
Ante tamaño esfuerzo por parte del artesano y del interesado, me pregunto si este instrumento no estará marcando el camino de vuelta al artesano ancestral, cuyo tiempo era generoso y el trabajo detallista. El mismo camino que el de un usuario exigente, buscador de un sonido límpido y trascendental.
Quizás me entiendas si colocas un Hand Pan sobre tus piernas y comienzas a golpearlo sutilmente con tus manos: entonces serás tú quien realice ese camino de vuelta, mecido por un sonido que te lleva hacia paisajes oníricos, emociones sutiles, misterios insoslayables. Ya no tocas para el otro, sino para el silencio que ocurre entre dos latidos.

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