Sobre la vida y la muerte

200 MONTSE SIMONHace años leí en un libro sobre pensamiento japonés una frase que decía “La Vida prevalece sobre la muerte cuando se comprende que muerte y vida sin una misma cosa”. Esta expresión acude a mi  mente a menudo y aunque cuando la pienso detenidamente intentando analizarla no sé si alcanzo a comprender lo que significa, por alguna razón de forma intuitiva se me presenta como una certeza. La dualidad muerte-vida pertenece sólo al campo de las ideas. La Vida es algo mucho más basto que el “yo” con el que me identifico constantemente. En realidad podemos decir que una semilla muere para dar lugar a un brote, sin embargo no vemos en la semilla muerte sino vida, una flor cede sus pétalos para convertirse en un fruto y no vemos en ello muerte, un árbol se pudre y alimenta la tierra con su madera y podemos ver en ello muerte o el ciclo de la vida, el árbol que regresa a la tierra para nacer de nuevo.
Sin embargo, cuando se trata de la vida humana la muerte, al menos a mí me ocurre, aparece como un temible enemigo, aquello que hay que evitar. Los aforismos del yoga de Patañjali señalan en un momento dado que una de las aflicciones que necesitamos superar para liberarnos definitivamente del sufrimiento, al comprender que lo que somos en realidad no muere sino aquello que por error  pensamos que somos, es el apego a la vida. Es aquello que popularmente llamamos “instinto de vida” y para el yoga y otras filosofías como el advaita vedānta, se trata de un obstáculo a superar. Claro está que uno no se levanta un día, o tal vez sí (ja ja ja) y deja de temer a la muerte, el hecho de que esto pueda darse, en un día o mil vidas, requiere del “darse cuenta” de lo que realmente soy, porque aquello que soy no nace ni muere.
Entre las enseñanzas que Kṛṣṇa da a Arjuna en la Bhagavadgītā, hay un momento en el que le dice:
“En el caso de la persona que mora en los objetos, crece el apego. Del apego surge el deseo y del deseo el enfado.
Del enfado nace la confusión, de la confusión la falta de memoria y de la falta de memoria la falta de entendimiento. A cauda de la falta de entendimiento perece.”

En otro texto de gran belleza y sabiduría, en la Katha Upaniṣad, la propia muerte le dice al joven Naciketas, que quiere saber qué es lo que ocurre tras la muerte:
“El paso de esta vida a otra no se muestra a los necios, ni a los negligentes que son engañados por la ilusión de la riqueza. Aquel que piensa que este es el único mundo y no hay otro, cae bajo mi dominio.”
La muerte es un castigo sino la consecuencia inevitable de la confusión y el error por el cual nos identificamos con lo que es pasajero y no reconocemos nuestra esencia última inmortal. Aquello que es inmortal y eterno, nunca está sujeto a nacimiento ni muerte, sin embargo mientras creemos que somos el cuerpo, que somos lo que pensamos, que somos está identidad limitada y sufridora y reducimos todo nuestro Ser a eso, inevitablemente estaremos sujetos a la muerte y al miedo a morir. Porque el cuerpo sí que muere, igual que muere la semilla, muere la flor o muere el árbol y si creemos que sólo somos esto y nuestra identidad se limita a lo perecedero en nosotros y en el mundo entonces inevitablemente estamos sujetos a la muerte, sin nada más después de esta vida o a lo sumo nuevos nacimientos sujetos a la muerte. En cambio, cuando uno reconoce en sí mismo, en todo, la Conciencia que persiste más allá de la muerte, ya no se cae de nuevo en las garras de la “muerte” porque se comprende entonces que aquello que muere es sólo un nombre y una forma, una creencia, una idea, pero la la Vida nunca muere y es entonces cuando podemos decir que “La Vida prevalece sobre la muerte cuando se comprende que muerte y vida son una misma cosa”.
Como solía decir un maestro, lo infinito no se alcanza por la suma de elementos finitios y tú no puedes alcanzar la infinitud o la inmortalidad, a menos que ya seas infinito, a menos que ya seas inmortal.
El apego a la vida que se nos insta a soltar es el apego a la identificación con mi yo limitado y sólo se suelta a través de la comprensión. No es algo que podamos imponernos y el miedo es nuestro gran aliado cuando somos capaces de sentarnos junto a él, observarlo, escucharlo. Yo no tengo ninguna respuesta a lo que ocurre tras la muerte, qué respuesta podría dar cuando la propia divinidad de la Muerte alerta de que ni si quiera los dioses conocen este secreto. Lo que sí que tengo son preguntas: ¿quién muere?, ¿qué es lo que muere?, ¿qué ocurre con mi cuerpo al morir?, ¿qué hay de común entre mí y la niña que fui?, ¿quién siente el miedo a desaparecer?, ¿en qué lugar del cuerpo siento, como una sensación,  ese miedo?, ¿de qué tiene miedo “eso”?..., preguntas que cuando me formulo con honestidad me llevan una y otra vez al mismo lugar. Silencio.

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