ŚIVA. EL GRAN YOGUI

209 simon

 

Cuando alguna vez he preguntado qué sabrían decirme acerca de la cultura o las religiones de India, a personas que no conocían prácticamente nada de ella, mayoritariamente han coincido en señalar que les sonaba a un montón de dioses, ¡con muchos brazos!
Efectivamente, la India ha representado lo divino a través de multitud de símbolos que en muchos casos han tomado formas antropomórficas. Hay quienes han visto o ven en lo que se ha llamado hinduismo una forma de politeísmo, es decir, la creencia en muchos dioses distintos. Sin embargo, la mayoría de los hindúes coinciden en señalar que no se trata de distintos dioses sino distintas representaciones de Dios o de la Conciencia Absoluta. Cada divinidad muestra un aspecto de la energía de Vida que nos sostiene: unas divinidades encarnan la creación, otras la preservación, la destrucción, la cultura, la humildad, el servicio, la fortaleza, la expansión, la salud, la prosperidad, la claridad mental, el amor incondicional, la fe... Hay divinidades que son encarnaciones (avatares) de otra divinidad principal y hay representaciones que simbolizan distintos aspectos de una misma divinidad.
En el caso de Śiva nos encontramos precisamente con distintas representaciones suyas que simbolizan su energía creadora, protectora y destructora. Una de estas representaciones de Śiva es la de Mahāyogī, el arquetipo del yogui por excelencia. Aparece sentado sobre una piel de tigre en la postura del loto (padmāsana) o la postura perfecta (siddhāsana), frente al monte Kailash, que también es venerado como símbolo de esta divinidad. A menudo con una de sus manos hace un gesto de protección, abhayamudrā, que significa “sin miedo” y por lo tanto aleja todo aquello que pueda causarnos miedo o hacernos daño. Esta divinidad aparece acompañada de muchos otros símbolos como son el tridente, el río Ganges naciendo de su melena, la luna creciente, el tambor llamado damaru, un recipiente para el agua (kamaṇḍalu), una serpiente alrededor de su cuello, malas (tipo de rosario) hechos de una semilla llamada rudrākṣa, el cuerpo repleto de cenizas...

Casi todos estos símbolos que hemos mencionado tienen que ver con el aspecto ascético y la devoción hacia esta forma de la divinidad ayuda a fomentar esa energía en nosotros mismos. No vamos a comentar aquí el significado de cada símbolo ya que os extenderíamos mucho. 

Baste con hacer una lectura general de este arquetipo ascético. 

Cuando nos sentamos a meditar lo hacemos en la misma postura y con los ojos cerrados o entreabiertos, como es el caso de la mayoría de imágenes en las que aparece Śiva como yogui. Esta representación viene a mostrar que la tradición ascética, estrechamente vinculada con las prácticas de yoga, se basa en una enseñanza eterna, que tiene un fundamento divino. Muestra una forma de vida, que recuerda a la de aquellos que decidían abandonar la vida social para dedicarse exclusivamente a la meditación y perfeccionar el control sobre la naturaleza del cuerpo y de la mente, en los bosques, las montañas y las cuevas, aisladas de toda distracción.
Hoy en día el yoga ha traspasado todas las fronteras y se practica alrededor del mundo, contando con una gran variedad de estilos. En algún momento del hilo temporal, el yoga dejó de ser una práctica exclusiva de los ascetas para integrarse en la vida de personas que tenían familia y trabajo. Y aún así, el arquetipo del gran yogui sigue ejerciendo su poder ya que la renuncia y el control no tienen por qué limitarse a algo externo sino que es ante todo una cuestión de actitud interna. Hay quienes aparentemente lo puedan haber abandonado todo y se sienten largos períodos en actitud meditativa, pero si su mente sigue apegada a objetos y deseos, tal como señala la Bhagavad Gītā, serían unos hipócritas. En cambio, es posible que uno lleve una vida aparentemente muy normal, realizando las acciones pertinentes a su trabajo o labor en la familia y la sociedad, y que se mantenga ecuánime, en su centro, con la mente concentrada en el Ser eterno que da vida a todo cuanto existe, desapegado de todo cuanto va y viene en su vida.
Śiva como gran yogui es una figura de fuerza interior, de desapego y concentración de la mente, que nos invita a contentarnos, que no resignarnos!, con poco, a vivir de forma sencilla forjando en nuestro interior el poder de la meditación que conduce al reconocimiento de nuestra verdadera esencia divina, presente en el corazón de todos los seres.
En su representación como yogui, aparece con el tercer ojo (tryambakam) que señala el punto energético de la sabiduría, el conocimiento que gobierna el individuo y el universo entero. Esta sabiduría nos lleva a reconocer nuestra verdadera naturaleza y nos conduce así de la muerte a la inmortalidad.

 

 

Tagged under: Montse Simón

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