JUANCHO CALVO

ZEN Y VIDAJUANCHO FOTO ROJO
Licenciado en Bellas Artes y formado como director de cine y televisión en Estados Unidos, ha dirigido películas y numerosas series de tv, ha recibido premios por su trabajo como director y ha creado su propio entrenamiento para actores y actrices que desean madurar conscientemente en el arte de la interpretación. Camina desde hace décadas la Vía del Zen y profundiza en la práctica del Seitai y del movimiento natural espontáneo, formándose regularmente con maestros europeos y japoneses y prestando siempre especial atención a la meditación y al movimiento en su relación con la creatividad y el desarrollo del potencial humano. Es el responsable de "Zen y Vida" y ofrece el "Taller de Meditación Zen", integrando el valioso legado del Zen tradicional en el contexto occidental actual y acompañando a personas que sienten el anhelo de desplegar sus vidas de forma más despierta y plena.

facebookwww

Kinhin: Vivir plenamente la vida

222 ILUS JUANCHO

La Vía del Zen tiene su mirada puesta en el despertar, pero no en un despertar estéril sino en un despertar dinámico que impulsa los pasos que doy a cada instante en mi vida. Por eso, además de la práctica fundamental del zazen (la meditación sentada), en el Zen practicamos kinhin, el caminar suave y consciente que pone el despertar en marcha. Con el caminar del kinhin no solo actualizo mi cuerpo y mi energía entre sentada y sentada, también actualizo mi propio zazen. Cuando hago kinhin toda mi vida es este paso que estoy dando ahora. Cuando apoyo el pie exhalo profundamente mientras me apoyo en la tierra del presente, me vacío de todo para llenarme de solo-caminar. Hacemos zazen como seres humanos aprendiendo a ser Buddhas y hacemos kinhin como Buddhas aprendiendo a ser humanos.
Cada uno de los pasos que he dado en mi vida me ha llevado a un lugar, me ha llevado a algo. He puesto toda mi energía en algo, para entrar en algo, salir de algo, llegar a algo. Pero muchas veces cuanto más he caminado para llegar a algo más me he alejado de mí mismo. Por eso con el kinhin practico otra forma de caminar en la vida: camino pero no voy a ningún sitio, solo camino. Y cuanto más practico el solo-caminar menos huyo de mi realidad y más me acerco a mí mismo, más practico el encontrarme exactamente con quien yo soy, con lo que yo soy a cada instante.
El kinhin es el arte de solo-caminar, no de caminar para esto o para aquello, sino de solo-caminar. En un solo-caminar que no va a ningún sitio no hay punto de partida ni hay destino, y como no hay objetivo no hace falta estrategia, y entonces no hay ni éxito ni fracaso, y por lo tanto no hay juicio ni culpa, solo hay solo-caminar. Así que paso a paso se rompe el programa habitual de la eficacia, del resultado, de la comparación, de la frustración y así mi cuerpo, mi respiración y mi mente se unifican y se hacen uno con lo único que está sucediendo en este instante: solo-caminar.
Pero solo-caminar no es caminar solo. Cuando hago kinhin con todo el grupo mi zazen, además de ponerse en movimiento, pasa de lo individual a lo colectivo, a lo relacional. El zazen también tiene una dimensión colectiva, pero el kinhin la exige y la refuerza. El ritmo, los espacios, la continua adaptación, nadie va primero, nadie va último, caminamos juntos, y entre todos creamos un gran organismo colectivo mayor que la suma de las partes. Con el solo-caminar-juntos nos preparamos para un solo-sentarnos-juntos también colectivo y reforzado por ese espíritu de grupo. En lo profundo este caminar-juntos y sentarnos-juntos nos prepara para un vivir-juntos más consciente y comprometido, más lúcido y cordial.
Yo no puedo activar voluntariamente la Plenitud o la Confianza, porque éstas no surgen de lo voluntario. Lo que sí puedo es desactivar el programa de hacer muchas cosas a la vez, de hacer una tras otra o de hacerlas a medias. Por eso con el kinhin solo hago una cosa (caminar) y la hago plenamente. De esta manera, de forma natural, se despiertan por sí solas la Plenitud y la Confianza. Desactivo el programa de la superficialidad y la distracción y de forma natural se despliegan la Sensibilidad y la Lucidez. Desactivo el programa del juicio y la competición y por sí solas se despiertan la Benevolencia y la Paz.
El kinhin no es un caminar en control sino en unidad. Con el kinhin mi cuerpo y mi mente se hacen uno y aprenden a hacerse uno con lo otro y con el otro, a estar plenamente disponibles y presentes para una experiencia verdadera. Plenamente disponible y presente para hacerme uno con la caricia del sol, el sabor del arroz, el olor de la lluvia, el placer de bailar. Sin estrategia, sin prisa, sin juicios, plenamente disponible y presente para escuchar a mi amigo, para comer con mi familia, para el encuentro íntimo con mi amante, para hacerme Uno.
Cuando lo que hago no lo lleno de mí, lo que hago no me llena lo suficiente, y entonces hago más cosas, pero aún así me siento vacío. Cuando lo que hago lo lleno de mí plenamente, yo me lleno con lo que hago y entonces hago menos cosas y además me siento mas pleno. Igual que el zazen, el kinhin me invita a entregarme por completo a una sola cosa, lo cual despierta mi potencial natural para entregarme plenamente a todo y para vivir plenamente mi vida.
Este es el espíritu del kinhin. Entregarme completamente supone que lo que hago no tiene valor solo como medio para algo, sino que tiene valor en sí mismo. Así practico apreciar a las personas no solo por algo o para algo sino en sí mismas, no como buenas o malas, mejores o peores, sino como personas. Así practico no ponerme por encima o por debajo de nadie sino simplemente en el centro de mi propia vida, apreciando la existencia no como un medio para conseguir algo sino como una joya valiosa en sí misma.

Juancho Calvo 

La Sangha. Caminando juntos la vía del Zen

221 ILUS JUANCHO

El camino del zen da siempre mucha importancia a lo que desde hace siglos el budismo llama "Las Tres Joyas". Estas son el Buddha, El Dharma y la Sangha. Estos tres tesoros son tres pilares básicos en los que el practicante se ampara y se inspira constantemente, no como una superstición mojigata sino (todo lo contrario), como un acto de lucidez y compromiso interno que clarifica el rumbo en el camino hacia uno mismo y crea un impulso renovado en esa dirección.
El Buddha es el potencial de persona despierta que, esencialmente todos los seres humanos compartimos. El Dharma es el camino y la oportunidad que se abre ante nosotros a cada momento para desplegar ese potencial. La Sangha es la comunidad de personas que comparten el anhelo del despertar y el compromiso con una práctica que pone ese anhelo en marcha. Por eso no hay sanghas ni pequeñas ni grandes, pues la sangha no es una realidad externa con dimensiones visibles, sino la dimensión interna de una realidad invisible. Una sangha pueden ser las cuatro personas que se sientan en silencio en un parque o los cientos de monjes que se reúnen en el gran zendo de un monasterio, todos igualmente unidos por una red que se teje inconscientemente en el telar del silencio: el zazen.
Cuando un grupo de personas nos reunimos en torno al zazen no somos una cofradía de adoradores que se reúne al amparo de una estatua o un libro, nos reunimos sobre todo al amparo de nosotros mismos. Somos como maderos ardiendo, todos la misma madera, todos el mismo fuego, dándonos lumbre unos a otros. En una comunidad de practicantes zen la sangha es algo que surge de la suma de las partes. Y ese Algo, que es más que la suma de las partes, es precisamente de vital importancia. La sangha no es un concepto, es más bien una tarea, una práctica activa. Una Sangha Zen no es un ente, es una práctica. No es un sujeto, es un verbo, que se conjuga simultáneamente en primera del singular y en primera del plural, actualizando constantemente una dinámica personal y una dinámica de grupo.
En realidad, en cada sesión todos nos acompañamos unos a otros, como si en un día de invierno todos nos abrazáramos para darnos calor unos a otros. La sangha se abraza a sí misma. Esta es la clave fundamental de la experiencia de la sangha, que encierra un secreto importante envuelto en forma de paradoja. Por un lado, para mí estas personas que se sientan a mi lado son la sangha y me acompañan y me dan fuerza durante el camino. Por otro lado, para cada uno de los que se sientan a mi lado yo soy la sangha que les acompaña y les da fuerza durante el camino. Yo recibo calor y yo doy calor. Para mi ellos son la sangha, para ellos la sangha soy yo. Como en un equilibrio imposible, yo me apoyo en los demás y los demás se apoyan en mí.
Una sangha zen es un organismo multicelular vivo y dinámico, cuya cohesión, actividad y sentido le otorgan inteligencia propia, como una duna gigante movida por el viento o como un banco de peces avanzando en la profundidad de la corriente. Una sangha es una bandada de aves humanas migrando juntas hacia un despertar colectivo. Por eso cada una de las tres joyas contiene y manifiesta a las otras dos. La sangha en sí misma es el Dharma. La sangha en sí misma es el Buddha.
El zen no busca que yo pertenezca a un club espiritual. El zen solo busca que yo me busque, y que me busque hasta encontrarme. Y ese encuentro es un experimento asombroso, porque no solo es un experimento espiritual, también lo es psicológico, relacional, social, evolutivo. En una comunidad comprometida con la maduración, mi comportamiento individual inconsciente se vuelve consciente, también para que el comportamiento colectivo inconsciente se vuelva consciente. En ese sentido, una sangha zen es un experimento revolucionario que pone a prueba la experiencia de una nueva forma de relación humana y de comunidad global, que nos reta a cada uno a la creación de mundos profundamente nuevos, mucho más lúcidos, amables y verdaderos.

Juancho Calvo

 

Año Nuevo ¿Vida Nueva?

219 ILUS JUANCHOPasó la Nochevieja y comenzó el Año Nuevo. Hemos celebrado el final del año que ha quedado atrás y el inicio de este nuevo año que se abre ante nosotros lleno de posibilidades. Nuestra idea de tiempo es lineal, como parece ser nuestra existencia, que va sumando minutos, días, noches viejas, años nuevos. Como en una película que va sumando fotogramas, planos, frases y escenas, hasta que (igual que en nuestra propia vida) tarde o temprano llegamos al inevitable final. El Tiempo parece así una apisonadora existencial en forma de reloj de arena que a la vez que va sumando va restando, hasta que irremediablemente todo se acaba. Por eso este regalo efímero que llamamos Vida o Tiempo es tan valioso y por ello se nos insta constantemente a aprovecharlo al máximo, en lugar de a malgastarlo con tareas sin fin y con distracciones infinitas. No es de extrañar que por este motivo en los retiros Zen se recite frecuentemente: "Nacimiento y muerte son un asunto serio. Todo pasa deprisa. Estad siempre vigilantes. Nadie sea descuidado. Nadie olvidadizo".

La idea de Vida, como algo amplio, cuando se cruza con la idea de Tiempo, como algo limitado, da como resultado la idea de Oportunidad. Por ello desde la antigua Grecia se habla de dos concepciones de tiempo muy diferentes: Chronos y Kairós. Chronos se corresponde con el tiempo lineal, imparable, que podemos medir en minutos y organizar en nuestra agenda. Este es un tiempo que se refiere a la cantidad. Sin embargo, Kairós se corresponde con el tiempo como posibilidad, con el aprovechamiento de ese instante perfecto que no se puede medir, solo se puede experimentar, pues no tiene que ver con la cantidad sino con la cualidad. A Chronos lo vemos todos continuamente, no hay más que mirar el reloj o el calendario. Pero Kairós resulta más difícil de ver, pues está más relacionado con la intuición y con cómo el tiempo puede convertirse en una Oportunidad para la transformación.
Podemos pasarnos la vida llenándonos de tareas y parloteando mientras esperamos que el día acabe, que llegue el viernes, o que "esto termine" y llegue "lo siguiente". O podemos abrirnos en cuerpo y alma a la experiencia para dejarnos atravesar por la posibilidad de despertar, evolucionar, transcender. Chronos es la línea horizontal que avanza hacia adelante, Kairós es la línea vertical que la atraviesa. Chronos y Kairós están creando constantemente un cruce dinámico "tierra-cielo" que pone límites en el Aquí y abre posibilidades en el Ahora para que se despliegue todo el potencial de la existencia en este preciso instante.
La apasionante aventura del Zen es precisamente una invitación a colocarme, reconocerme más bien, en el centro mismo de esa cruz tierra-cielo, Chronos-Kairós, en la que mi existencia y la existencia en su totalidad pueden revelarse no como algo que sucede "ante mí" sino como algo que está en mí, que soy yo, y a cuyo misterio y dinamismo puedo despertar instante tras instante.
Cuando aprecio mi nacimiento porque asumo que un día moriré y por lo tanto valoro plenamente el regalo de esta vida, cuando estoy atento y no vivo de forma descuidada y olvidadiza, el tiempo no se mide en segundos, días o semanas, sino en oportunidades para abrir los ojos, despertar, atreverme, comprender, desprenderme, dar el salto, agradecer. Entonces la vida no me llama la atención con las doce campanadas de nochevieja sino que simplemente me da una campanada, siempre en el momento oportuno, normalmente cuando menos me lo espero, y siempre en el corazón. Y me susurra: "¡Ahora!", "¡Eso es!", "¡Sí!", "¡Oh!". Y entonces parece que Chronos ha hecho el trabajo necesario para llevarme hasta este preciso instante y por eso ahora Chronos parece detenerse, la vida se abre y todo puede tomar otra dirección. Se ha puesto en marcha Kairós, se descubre ese momento de oportunidad reveladora en el que la vida nos muestra la puerta hacia lo realmente nuevo, no porque la vida sea nueva sino porque se han renovado los ojos que la ven.
La Vía del Zen es un camino para despertar al aprecio por la vida en su totalidad, instante tras instante, apreciando así el valor del presente y de su potencial de transformación. Cuando entendemos la vida y el tiempo de esta manera, cuando yo asumo mi vida y mi tiempo como una oportunidad, entonces no solo descorcho una botella de cava al oír las doce campanadas en nochevieja sino que a cada instante yo soy la botella y, si me entrego sin miedo, la vida misma puede descorcharme y mostrarme que un año nuevo, una vida nueva, me están esperando a cada instante, si yo me renuevo por dentro y aprovecho la oportunidad.

Juancho Calvo

Сачак (Ламперия) http://www.emsien3.com/sachak от ЕМСИЕН-3
Сачак (Ламперия) http://www.emsien3.com/sachak от ЕМСИЕН-3
Дървени талпи http://www.emsien3.com/талпи от ЕМСИЕН-3

Acceso o Registro

Acceso a Verdemente

¿Recordar contraseña? / ¿Recordar usuario?