Entrevista al Venerable Lama Rinchen Gyaltsen

Un recorrido por el camino espiritual budista. Primera visita de S.S. Sakya Trizin a Madrid Entrevista al Venerable Lama Rinchen Gyaltsen

- Entrevista: Ado Parakranabahu -

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En Pedreguer, Alicante, en lo alto de la montaña frente al mar, la Sierra Segaria y el parque natural del Montgó, se encuentra uno de los monasterios budistas más grandes de España, el Centro Internacional de Enseñanzas Budistas (CIBEB), Fundación Sakya El Venerable Lama Rinchen Gyaltsen, monje budista occidental, fue nombrado maestro residente por Su Santidad Sakya Trizin. Hoy se encuentra en Madrid, con motivo de la organización de la primera visita de S.S. a Madrid. Lama Rinchen Gyaltsen enseña la práctica de la meditación y filosofía budista en España y viaja esporádicamente a Estados Unidos y América del sur para impartir cursos.

Ado Parakranabahu:: ¿Qué se entiende por maestro espiritual?

Lama Rinchen Gyaltsen: Hoy en día el papel principal de un guía, de un maestro, no es tanto transmitir información, ya que abunda en todos los medios, sino ayudar en la fase de la contemplación, para resolver las dudas y comprender el Dharma a fondo. Con la ayuda del maestro lograremos entender cómo se relacionan las enseñanzas que hemos recibido o leído y armar así el rompecabezas del camino espiritual. El discípulo no debería depender del maestro sino de sus enseñanzas, es decir, no desarrollar una devoción superficial, un culto a la personalidad, ya que todo el propósito de cultivar una relación con el maestro es para que nos acerque, nos ayude a tener nuestra propia realización de estas verdades espirituales. La relación con el maestro es para recibir sus explicaciones de las enseñanzas, eso es lo importante.

A.D.: Su Santidad Sakya Trizin, uno de los más grandes y reconocidos maestros espirituales del budismo tibetano, visitará Madrid por primera vez.

L.R.G.: ¿Qué significa “Sakya Trizin”? ¿Por qué se le llama Su Santidad y cuál es su rango? Su Santidad es un epíteto que le han asignado sus discípulos en Occidente, pero en Tíbet no existe esa designación. A Su Santidad el Dalai Lama le llaman Gyalwa Rinpoche que significa “Precioso Conquistador” y a Su Santidad el Sakya Trizin le llaman “Gongma Rinpoche”: “El precioso líder”. Sakya es el nombre de la tradición que, literalmente, quiere decir “la tierra clara” y se refiere al lugar donde se construyó el primer monasterio, en la falda de una montaña donde había una zona de tierra blanca, algo muy raro en ese área del Tíbet y, aunque el monasterio tenía otro nombre, quedó la denominación “Tierra Blanca”. Trizin quiere decir “el que sostiene el trono o el entronado”; el que mantiene el trono, la cabeza, el liderazgo de la tradición Sakya. Por eso se le llama Su Santidad el Sakya Trizin, es decir “el entronado”, el que sostiene la tradición Sakya. Es el 41º en el linaje y el que ha vivido más años, fue entronado a una edad muy temprana. Dentro de la jerarquía o del protocolo del budismo ocupa el segundo rango a partir de S.S. el Dalai Lama. Linaje quiere decir una transmisión oral de maestro a discípulo que viene de la antigua india. Las enseñanzas tienen que transmitirse de persona a persona, no simplemente coger un texto y de la letra muerta reconstruir una tradición. Tiene que haber un ser vivo que haya escuchado esa enseñanza para poderla transmitir.

A.D.: ¿Cómo podemos trabajar el camino espiritual?

L.R.G.: Normalmente lo describo como un reloj de arena que tiene una esfera arriba y abajo y en el centro solo pasa un grano de arena. Al inicio del camino espiritual tenemos que ser muy abiertos y experimentar con todas las diferentes religiones, prácticas y meditaciones, y a medida que vamos avanzando centrarnos en una sola tradición, una práctica para tener una experiencia íntima y directa. Después de tocar fondo con una experiencia de la verdad última, surgiremos de esa absorción meditativa en la segunda esfera: una conciencia amplia capaz de reconocer que todas las tradiciones están hablando de lo mismo. El contratiempo principal en el camino espiritual no es tanto la dificultad de la práctica sino las trampas que nos hacemos, el auto sabotaje del ego. Una pista de que nuestro ego nos está haciendo una mala jugada es el decir una verdad demasiadas veces. Mientras viví en India y Nepal, hablé con otros yoguis o meditadores que me decían una y otra vez: “Lo más importante es la meditación, porque es lo que te cambia, lo que te ayuda a tener realizaciones”. Y es verdad, pensaba yo. Sin embargo, los filósofos me argumentaban: “Si meditas sin estudiar no sirve de nada”. Y los dos tienen razón, pero si uno de ellos repite eso demasiado quiere decir que está evitando hacer la meditación y el otro evitando estudiar. Aunque ambas son necesarias, cada uno evitaba lo que menos le gustaba. Muchas veces nosotros, de una manera similar, caemos en esta trampa al elegir caprichosamente una verdad espiritual y repetirla como un mantra. Esto es una clara señal de que el ego nos está manipulando. Algunos dicen, correctamente: “El buda no fue budista y Jesús no fue cristiano”, pero el repetirlo muchas veces, seguramente indique un mecanismo de defensa del ego para no someterse o ceder cierto control a las leyes espirituales como el amor, generosidad, etc. No queremos pertenecer a una religión, sistema o una jerarquía, quizás lo vemos como algo que nos va a oprimir, que nos va a quitar nuestra libertad. Tenemos que tener cuidado de no caer en esa trampa y saber que nada es correcto o incorrecto independiente de su contexto. En la tradición Sakya se dice que para trabajar en el camino espiritual hay que trabajar con cuatro apegos relacionándose a las cuatro etapas claves del camino espiritual. “Soltar el apego a esta vida, el apego al samsara (el ciclo de nacimiento, vida, muerte), a nuestro propio propósito y el apego a la verdad, al dogma personal”. Los dos primeros están relacionados con la generación de renuncia, de descartar lo mundano. Tanto con el primero, cuando decimos:”Si estás apegado a esta vida no eres un practicante espiritual”, como con el segundo: “Si estás apegado al samsara no tienes renuncia”, estamos hablando de la falsa felicidad, ese el gran problema. S.S. el Dalai Lama y S.S. el Sakya Trizin dicen: “Lo que todos los seres tienen en común es la búsqueda de la felicidad”, todos queremos ser felices y todos evitamos el sufrimiento. Sin embargo, al no saber qué es la felicidad y sus causas, en lugar de acercarnos a ella lo hacemos al sufrimiento, perseguimos la gratificación inmediata a través de los sentidos. Debemos preguntarnos cuánto tiempo y espacio abarca nuestra consciencia al tomar una decisión en nuestra vida, pensamos ¿cómo me voy a sentir en un año, en cinco o en veinte? Y en mis últimos suspiros, ¿seré feliz haciendo esto? Y más aún, si puedes, imagínate si en la próxima encarnación vas a estar contento con la forma en que has vivido esta vida, a esto le llamo el tiempo. El espacio, en este contexto, sería los otros seres. La decisión que estoy tomando en este momento: ¿cómo va afectar a mi familia, a mi comunidad, al mundo, a futuras generaciones? Y ahí viene el tercero de los apegos: si estás apegado a tu propio propósito y no tienes en consideración a otros, es un proceso egoísta. La conciencia tiene que trascender el espacio y el tiempo y la mejor manera de hacerlo es con lo que llamamos la bodhichitta, la perfección del altruismo, la aspiración divina que dice: “De ahora en adelante me dedico eternamente a la iluminación de todos los seres, y por todo el tiempo”. A nivel relativo es la mejor manifestación de lo absoluto. Y el último punto es: si surge aferramiento no tenemos la visión, si conceptualizamos la verdad absoluta nos alejamos de ella; solo estamos viendo un reflejo de esa verdad, por muy sublime o sofisticada que sea esa filosofía tenemos que saber que, si es conceptual, verbal, no es la experiencia pura de la verdad, sino su expresión elaborada. Debido a que lo mundano nos seduce, nos atrapa, nos engancha; la primera fase de las contemplaciones nos ayuda a desencantarnos del brillo del samsara. Nosotros al saborear algo dulce, recibir una alabanza o un premio, pensamos que la vida se trata de eso: algo que nos da seguridad y confianza, y estas contemplaciones nos llevarán a descubrir que no debemos dejarnos engañar ni seducir por cosas banales y superficiales, por la miel en la hoja de una navaja, que es un pequeño toque de dulce pero…

A.D.: ¿Podría darnos unas pinceladas sobre la base, la esencia de la filosofía budista?

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L.R.G.: Hay muy diferentes maneras correctas y válidas de responder a esa pregunta, lo más interesante para nosotros, o al menos para mí, es que el interés principal del Buda era introducir un antídoto para corregir un problema, un remedio o una terapia. La enseñanza budista (el Dharma) es un camino, un proceso, una terapia para desaprender, o neutralizar algo que está equivocado. Y eso es lo que más me impactó la primera vez que recibí la enseñanza sobre el Sutra del Corazón, en donde se describe la verdad última, donde no existe el cuerpo a nivel absoluto, ni la conciencia, ni nuestras percepciones, aunque ahora sabemos que la filosofía cuántica dice que lo que vemos y palpamos nos engaña, que no existe la sustancialidad de la materia que nuestros sentidos nos indican, luego no existe el sufrimiento a nivel absoluto, ni la budeidad; también dice: no existe el Dharma, no existe el camino budista. Es decir, el budismo toma una postura muy valiente al decir: “Nosotros no tenemos la verdad última”, o sea, el Dharma es el vehículo que te lleva a la verdad última, que te lleva a la realización, a la perfección, a la budeidad; pero para lograrla hay que bajar del barco porque ¡solo es un vehículo! Muchas veces se utiliza esa palabra: vehículo o yana, porque la idea es ir de esta orilla del samsara mundano a la otra orilla del nirvana de la perfección y utilizamos el camino espiritual, las enseñanzas, para cruzarlo, pero para llegar a la otra orilla hay que desembarcar soltando el barco. Así, entendemos las enseñanzas del Buda como indicaciones, señales, son pistas, igual que el dedo que apunta a la luna, pero no es la luna. El budismo dice:”Nosotros no podemos expresar la verdad última pero tenemos el vehículo que te puede guiar a esa verdad”. Esto es muy curioso, parece un koan Japonés; el Buda tiene muchos epítetos y uno de ellos es “el gran mentiroso” porque de alguna manera todo lo que dijo es mentira, ya que apenas uno verbaliza una palabra ya está corrompiendo esa verdad absoluta. Pero dijo lo que se necesitaba para llevar a esa persona a esa verdad absoluta y lo hizo de acuerdo a las necesidades de cada individuo. El Buda se iluminó y de ahí en adelante su destello iluminó el camino a otros.

A.D.: Una de las conferencias que va a impartir S.S. habla de las emociones aflictivas, ¿podría comentar la importancia que tienen en el budismo?per se.

L.R.G.: Las emociones aflictivas dictan nuestra existencia, dictan nuestro estado de ánimo, nuestra vida, nuestro mundo. Hoy en día somos esclavos de nuestras aflicciones, en realidad el problema principal es la ignorancia de no saber quiénes somos, no conocer la esencia de nuestra mente, no comprender exactamente la naturaleza de las cosas. De ahí surge el falso yo, el ego y si pensamos que somos un ser diferente separado del mundo objetivo hay amor propio, aferramiento al yo y egoísmo. Todo lo que percibimos, ya sean personas o cosas, todo se categoriza en tres tipos: lo que nos gusta (bueno), lo que nos disgusta (malo) y lo neutro, y cada uno de ellos invoca en nosotros una emoción: lo bueno apego, adicción; lo malo rechazo, aversión, ira y lo neutral indiferencia. Es casi imposible no reaccionar de esta manera con las emociones aflictivas y el ego. Si queremos cambiar nuestra vida tenemos que cambiar nuestro estado de ánimo y apaciguar las emociones negativas, que hoy en día asumimos como algo inevitable, como algo biológico, como algo que es parte del ser humano. Su Santidad piensa que serían de gran valor estas enseñanzas para un público de conocimientos tan amplios y diversos.

A.D.:Con respecto a la meditación me gustaría preguntarle: ¿cuánto tiempo se tarda en ver los resultados de la meditación?

L.R.G.: Es difícil ganar la guerra pero es posible ganar batallas. No tenemos que exigirnos más de lo que podemos hacer, ni podemos exigirnos erradicar de una vez todos esos patrones de conducta tan arraigados en nuestro ser, pero sí podemos hacer cambios. Cada vez que invertimos y plantamos una semilla blanca, una actitud positiva, necesariamente va a tener un beneficio en nuestra vida y va a neutralizar lo opuesto; nada se desperdicia, cada acción tiene un impacto en nosotros. Hoy en día pretendemos cambiar nuestro estado cambiando el mundo exterior, arreglando las cosas, cambiando de personas, de trabajo, de lugar, pero por mucho que nos mudemos siempre nos va a seguir nuestra sombra, las emociones negativas y la ignorancia. Si queremos ver un cambio en nuestra vida tiene que surgir de nosotros. El mundo en el que vivimos es un reflejo de nuestro estado de conciencia. Si cambiamos esa conciencia, ese estado mental, esa actitud interna cambiamos el mundo que nos rodea; la realidad cambia. 

A.D.: Usted define que el primer paso y el más importante es el cambio de actitud, tener la conciencia constante de hacer actos positivos.

L.R.G.: En general, si hablamos de desarrollo espiritual, el primer paso es la conducta física y verbal, esa es la base de todo el camino espiritual. Lo que es casi imposible es tratar de enhebrar una aguja cabalgando un toro. Si nuestra vida es un caos, no podemos trabajar con la mente que es sutil, primero tenemos que desarrollar cierto control a nivel físico, nuestra comida, horarios, la salud, nuestro entorno, las personas que nos rodean... Cuando eso esté más o menos equilibrado, tenemos que hacer lo mismo con la palabra: no mentir, no engañar, no hablar con palabras duras, y después podemos trabajar con la mente más sutil y lograr apaciguarla. En realidad lo que somos es solo costumbres, simplemente tendencias; como dijo un maestro: “¡Nosotros somos un saco de hábitos!”. Algunas veces lo defino como una trenza: imagínate que empiezas la trenza y cuando se te acaba uno de los hilos le añades uno nuevo entrelazándolo y luego le añades otro y otro, y al cabo de unos metros, ningún hilo de los que hay al final es el mismo de los del principio. En el budismo no hablamos de conciencia, de alma, de espíritu; hablamos de continuo mental, queriendo decir que hay una continuidad de esta mente, pero no hay nada que existe hoy que existiera antes, que persista, que perdure, que sea independiente, inherente. Y estos hilos que están entrelazados son hábitos que tenemos y eso es lo único que perdura, lo que va de una encarnación a otra. Así, introducir en nuestra vida hábitos, energías, costumbres o virtudes positivas, tendrá un impacto y dejará una huella en nosotros. Y para ser un poco más pesado en este punto, la meditación es eso, gom en tibetano, que significa simplemente “familiarización”, es decir habituarnos a estados positivos. La meditación es el esfuerzo de regresar una y otra vez a la verdad, al estado positivo, o al objeto que hayamos escogido para enfocar la mente. Eso es lo que va introduciendo en nosotros un nuevo hábito, entrelazando una nueva tendencia, purificando esta trenza de la que hablábamos.

A.D.: ¿Qué es una iniciación y por qué cree usted que S.S. Sakya Trizin ha escogido la del Buda de la Medicina para Madrid? ¿Qué beneficios puede aportarnos?

L.R.G.: En occidente utilizamos la palabra iniciación porque estamos iniciados o empezando una nueva práctica o somos introducidos al mandala del Buda, a una nueva realidad iluminada, que coincide muy bien con la palabra. En tibetano tiene también otros tres aspectos muy importantes: la iniciación es un ritual en el que el maestro capacita al discípulo, le da un poder que antes no tenía; le da bendiciones y un permiso para desarrollar una práctica, una meditación. La Iniciación, para simplificar, es la primera vez que somos introducidos a una realidad, a una dimensión iluminada y, dependiendo de la preparación, de la apertura del discípulo, éste verá más o menos de esa nueva realidad. En algunos casos, en un discípulo preparado, el mero ritual, el mero gesto del maestro, detona una experiencia profunda. El Buda de la Medicina es particularmente beneficioso porque tiene dos aspectos: no solo nos lleva al logro final, a la iluminación, sino que nos ayuda a tener logros comunes o más inmediatos, relacionados con la salud física y mental.

A.D.: Podría darnos algún consejo para estos momentos por los que estamos atravesando, no solo España sino el mundo entero.

L.R.G.: Siempre tenemos la tendencia de idealizar el pasado: “Todo pasado fue mejor”; las personas, la juventud eran mejores, en cambio pensamos que ahora está todo perdido. Vivimos en una pobreza mental al no apreciar todo lo bueno que tenemos. Hoy en día, estamos adormecidos, la vida nos da tanto y, aunque supuestamente estamos en crisis, vivimos mejor que los reyes de la antigüedad, no viendo la urgencia de trascender lo mundano. En el budismo se dice que la existencia humana es la situación ideal para el desarrollo espiritual porque hay un equilibrio entre sufrimiento y placer. En otras existencias, e incluso dentro de la humana, todo es meramente sufrimiento, se enfoca solo en sobrevivir, no existiendo el tiempo para hablar de cosas como la espiritualidad. Los maestros tibetanos lo definen como ovejas en el corral de un carnicero, donde de repente el carnicero coge una oveja y hay un pequeño revuelo y se preguntan las demás: “¿Y dónde está María?” Pues, se habrá ido”. Y todas regresan a sus cosas. Nosotros actuamos algo parecido, de pronto se muere algún amigo de nuestra edad y hay una preocupación y nos preguntamos: “¿Qué pasa, estaré envejeciendo?”. Pero pasa un poco de tiempo y regresamos a nuestra vida cotidiana, una cómoda ignorancia. No podemos vivir y aceptar la vida sin comprender lo que es la muerte, nos va a ayudar mucho. Lo más importante es recordar que hay algo muy valioso en juego y que todo el desarrollo material y tecnológico nos va a dar una cierta comodidad física, pero no ha resuelto el gran problema, ese vacío existencial que tenemos de estar desconectados de quienes somos, de nuestra divinidad, y eso solo se puede corregir con el desarrollo y el trabajo espiritual que va a exigir, indudablemente, en algunos momentos de cierta incomodidad. Lo peor es estar estancado; es mejor errar, hacer algo malo que no intentar mejorar. El camino espiritual necesariamente requiere iniciativa. Eso es más difícil cuando el estómago está lleno. Si leemos las biografías de los grandes mahasiddhas de la antigua India en casi todos, al igual que los santos católicos, hubo algo muy trágico en sus vidas, la muerte de alguien cercano, una enfermedad, algo que es como un terremoto que les sacude y se tienen que replantear lo que es la vida y el propósito de la misma.

A.D.: ¿El beneficio que recibimos de los maestros, ya sean enseñanzas o bendiciones, depende en gran parte del discípulo, de su apertura, de su fe, devoción o disponibilidad? ¿Es correcta la pregunta?

L.R.G.: Sí, cuando nosotros salimos de la cueva pensamos que el sol recién apareció para darnos calor, pero en realidad siempre estuvo ahí y siempre te está dando calor. Con ello quiero decir, que apenas hacemos el mínimo gesto de apertura ya estamos invadidos y llenos de las bendiciones que ya existen y que están intentando penetrar en nosotros, sin embargo están bloqueadas por los velos conceptuales y emocionales. La gracia de los budas, la compasión y la sabiduría, están siempre presentes, pero nuestro orgullo no nos permite recibir su beneficio. Entonces el gesto de pedir enseñanzas, de hacer preguntas, de recibir una iniciación es esa apertura: dejamos que las bendiciones entren en nosotros, es una rendija por donde puede penetrar el sol.

A.D.: Cuando se habla de tomar refugio: ¿cómo se puede hacer, qué quiere decir?

L.R.G.: Muy buena pregunta. El refugio es un proceso gradual de acercamiento a la verdad, a la divinidad. Todo el camino espiritual se puede describir en el contexto del refugio. La perfección del refugio es la Iluminación, el único que no necesita tomar refugio es el Buda. El refugio es el comienzo del camino budista, donde lo que somos (personalidad, ego) reconoce algo superior: lo divino, lo puro, la verdad. Ahora está fuera porque somos seres externos, superficiales. Hablamos del Buda: el ser perfecto, el Dharma: las enseñanzas y la Sangha: la comunidad de practicantes. Inicialmente el buda es externo, luego vamos a descubrir que reside en el chakra del corazón y después el buda secreto no es otra cosa que la esencia de la mente. El refugio es situar al ego en el lugar que le corresponde, porque no es cuestión de destruirlo, no es malo, solo debe ocupar su lugar: el lugar del ministro, no del rey; no del que decide sino del que ejecuta. Decimos que el ministro está reconociendo al rey de nuestra vida, a la aspiración divina. El Buda, el Dharma y la Sangha serán como un faro en nuestra vida, un punto de referencia. A lo mejor ahora pensemos que no les necesitamos porque en estos momentos no se nos ocurre dañar a otra persona, pero va a venir una tormenta en nuestra vida que nos va a alejar de los ideales espirituales y en esos momentos turbulentos, opacos, borrosos es muy importante haber hecho ese compromiso: “Pase lo que pase nunca me voy a desviar de esta verdad, de ayudar a todos los seres, de seguir el camino del ser iluminado”. Eso nos va a proteger de los altibajos de la vida. La aspiración divina de la bodhichitta y el refugio, de alguna manera, es la gran protección de la vida, que no dejará que nos distraigamos ni perdamos el camino.

A.D.: Y por último quería preguntarle: ¿después de Madrid, dónde va Su Santidad?

L.R.G.: Su gira por Europa comienza en Madrid, luego va a Denia donde dará unas enseñanzas en el Centro de Sakya Drogon Ling, y después va a Pedreguer al Centro Internacional de Enseñanzas Budistas, donde dará enseñanzas durante 17 días. Su gira en España concluye en Barcelona.

Ado Parakranabahu
Experto en budismo, maestro de meditación.

Más Información: www.sakyatrizinmadrid.org - www.meditacionbudista.org/

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