Gestión de las Emociones

208 JUAN

 

Podemos decir que en el proceso personal y de meditación hay tres lineas de trabajo fundamentales. Por una parte tenemos el manejo de la atención, por otra el dominio emocional y por último el abandono de conceptos y pensamientos.
Cada uno de estos aspectos tienen su papel en las experiencias de infelicidad y malestar que vivimos las personas; de manera que es esencial conocer su funcionamiento y el modo de trabajarlos. Es preciso dedicación, comprensión y entrenamiento en cada uno de estos elementos.
EL TRABAJO EMOCIONAL
Es sumamente importante saber manejar las emociones. Si no lo hacemos nos arrastran a situaciones y conflictos indeseados. Las emociones y estados mentales tienen mucho poder.
Podemos haber vivido momentos de mucha serenidad, haber alcanzado estados de claridad y lucidez, haber vivido relaciones muy maduras con los demás, podemos haber tenido vislumbres de una realidad más profunda; sin embargo, todo esto se pierde cuando aparece un estado mental negativo. No importa lo elevados que hayamos estado, un estado mental puede acabar con todo en un momento y llevarnos atrás, a vernos otra vez inmaduros, infantiles y torpes. Basta con caer en un estado de enfado, apego o celos para involucionar a lo más primitivo de nosotros mismos.
El trabajo emocional incluye
• frenar la aparición de emociones destructivas,
• aprender a salir de estados negativos como la preocupación, el pesimismo, la desesperanza o el desánimo,
• sanar todos los estados que nos producen culpa y vergüenza,
• contrarrestar las reacciones emocionales tóxicas,
• anular las tendencias y hábitos emocionales dañinos,
• sanar las impresiones mentales que desencadenan negatividad y
• aprender a cultivar, desarrollar y vivir estados positivos.
MEDITACIÓN Y EMOCIONES
El primer paso para escapar del dominio de las emociones destructivas es hacerse consciente de los estragos que producen en nuestra vida. Es imprescindible tener muy claro su efecto nocivo. Solo entonces tendremos la fuerza y determinación para vencerlas.
Es fundamental abordar el trabajo desde esta perspectiva y abandonar los prejuicios, culpas y normas de conducta respecto a las emociones. Esto es, resulta contraproducente querer cambiar una emoción porque pensamos que no es apropiada o nos avergüenza. Aunque al principio puede ser de ayuda, enfocarlo de este modo sólo tiene beneficios muy limitados y a corto plazo. El verdadero trabajo de sanación, transcendencia y transformación viene del reconocimiento del daño en la propia experiencia.
La segunda cuestión, una vez descubierto lo anterior, es hacernos conscientes de la función que una emoción concreta tiene en nuestra vida. Esto responde a cuestiones como ¿para qué nos sirve?, ¿cómo la usamos?, ¿qué obtenemos de los demás?, ¿qué nos ayuda a ocultar? etc.

Entre las muchas repercusiones nocivas de las emociones destructivas tenemos:
• Daños en la salud.
• Mayor número de síntomas y duración de las enfermedades.
• Mayores dificultades para soportar el estrés diario.
• Aumento de los conflictos con los demás.
• Desviarnos de lo que realmente nos importa.
• Pérdida de claridad y lucidez para resolver problemas.
• Nos alejan de nuestras metas, objetivos y aspiraciones.
• Acabar controlados y dominados por nuestros estados mentales.
• Menos creatividad y apertura para encontrar soluciones.
• Terminar en las situaciones vitales que más tememos.
• Incapacidad de disfrutar de los buenos momentos.
• Incremento de las experiencias de frustración, vacío, insatisfacción e incertidumbre.
• Tensión y malestar con las personas que queremos y nos quieren.
• Menos capacidad de tolerar los imprevistos.
• Mayores dificultades para aprender y evolucionar.
En cuanto a la función que les damos, debemos explorar si usamos nuestras reacciones emocionales negativas para:
• Sentirnos seguros y protegidos.
• Ocultar nuestros defectos.
• Crear la sensación de tener el control.
• Escaparnos y huir de nosotros mismos.
• Manejar y aprovecharnos de los demás.
• Justificar y validar el propio egoísmo.
• Evitar sentirnos vulnerables.
• Distraer a los demás de nuestros errores.
• Hacer que los demás se comporten de un modo.
• Dar una imagen particular al mundo.
• Sentirnos poderosos.
• Controlar el entorno y a los demás.
• Hacer que se preocupen por nosotros.
• Eludir obligaciones y compromisos.
• Trasladar la propia responsabilidad a los demás.
• Establecer y sujetar vínculos afectivos.
• Obtener la atención de los demás.
• Esconder nuestras debilidades.
• Evitar la intimidad.
• Manipular a los demás en nuestro beneficio.
Hacer visible este conflicto entre el daño y la función de una determinada emoción es vital; ya que sin ello siempre tendremos una resistencia inconsciente al trabajo emocional. Si no hacemos conscientes los beneficios secundarios de una determinada emoción destructiva nos veremos incapaces de cambiarla. Su aparente utilidad dejará inservible cualquier estrategia que apliquemos. Es preciso darse cuenta de que todo lo que conseguimos de ese modo nunca acaba bien. Aunque parezca que estemos logrando algo en el fondo nos hemos hecho prisioneros de nosotros mismos. Necesitamos adquirir suficiente perspectiva para percibir lo confundidos que estamos. La función que tiene una determinada emoción destructiva es un espejismo que nos seduce hacia lo que más tememos. Cuando nos dejamos llevar por un determinado estado le estamos dando poder y acabamos dominados por él. En lugar de obtener algo, perdemos el control y la emoción acaba dominando nuestros comportamientos, decisiones y formas de responder. Dejamos de elegir nuestras reacciones y nos vemos respondiendo de ese modo en todas las áreas de nuestra vida.
Por ejemplo, es muy común encontrar personas que usan el apego a los demás para sentirse seguros. Por medio del apego (ej.: “no puedo vivir sin ti”, “eres todo para mí”, “no soy nada sin ti”, etc.) pretendemos que el otro no nos abandone. Sin embargo, esto sólo sirve a muy corto plazo, pues plantear así las relaciones nos lleva a sentirnos atados, dependientes y limitados, dejamos de ser nosotros mismos y la frescura de la relación se agota en poco tiempo. Al final nos sentimos decepcionados, resentidos y solos.
Otro ejemplo clásico es usar el enfado para manipular a los demás y ocultar nuestras inseguridades. La cuestión es que al final todos se alejan de nosotros, nuestras debilidades se hacen cada vez más patentes y nos vemos dominados por estados de ira que nos alejan de todo lo que buscamos.
En conclusión, sin reconocer la preocupación inconsciente que subyace a la emoción destructiva no vamos a poder liberarnos de ella. Sin resolver esto y ver lo confundidos que estamos las emociones destructivas seguirán controlándonos. Por tanto, es fundamental ir más allá de conceptos y realizar una indagación profunda en nosotros mismos para sacar a la luz nuestros intereses ocultos.
Para terminar recordemos las palabras del maestro de maestros Shantideva (Bodicharyavatara, IV, 28-36)¹


Enemigos tales como el enfado y el deseo
No tienen piernas ni brazos ni otros miembros
Ni tampoco valor ni inteligencia
¿Cómo es posible que me hayan esclavizado así?

Permanecen en mi mente
Y me dañan a su antojo.
Tolerarlos sin enfurecerme con ellos
Es una paciencia abyecta, no la adecuada.

Incluso si todos los dioses y semidioses
Como enemigos se levantaran en mi contra,
Todos ellos juntos no podrían arrojarme
Al fuego del infierno de la Torturas Máximas.

Pero estos poderosos enemigos, mis pasiones,
En un solo instante pueden enviarme
Allí donde no quedarían ni las cenizas
Del Monte Meru, si ahí se encontrase.

Mis enemigos, las pasiones aflictivas,
Permanecen sin principio ni final.
Ningún otro enemigo de hecho
Puede perdurar por tanto tiempo.

A otros enemigos si se les sirve y satisface,
A cambio benefician y favorecen.
Pero si sirvo a las emociones aflictivas,
Solo me dañaran y colmarán de sufrimiento.

Si estos incesantes y antiguos enemigos,
La única causa de que aumente el caudal de mi aflicción,
Han instalado su sólida guarida en mi corazón,
¿Cómo puedo disfrutar del samsara sin terror?

Si en mi mente se cobijan en las redes del apego
Los guardianes de la prisión de la existencia,
Los asesinos y carniceros de los distintos infiernos,
¿Cómo podré disfrutar de algo de dicha?

Por ello, no cesaré en mi lucha hasta no ver
Definitivamente derrotados a estos enemigos,
Igual que quienes por orgullo se enfurecen sin dormir
Hasta vencer a los que un poco les dañan.
Juan Manzanera
¹(Shantideva, La práctica del Bodisatva, Ediciones Dharma, 2008)

 

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