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Mente de Principiante. Mente del Principio

237 ILUS JUANCHO wEn el Zen hablamos muy frecuentemente de "Shoshin", un término chino-japonés que habitualmente se traduce como "Mente de Principiante" y que se hizo popular en occidente gracias al libro "Mente Zen, Mente de Principiante". Desde entonces, se habla mucho de lo difícil que resulta vivir con Mente de Principiante, pero no tanto del dilema que genera una compresión insuficiente de este asunto. ¿Cómo es que estos maestros son tan sabios y expertos, pero a mí me piden que tenga mente de novato? ¿Dónde dejo mi experiencia vital cada vez que pretendo hacer las cosas como si fuera "la primera vez"? Lo cierto es que la Mente de Principiante no se refiere a una constante mente de aprendiz sino a algo más hondo e importante que puede experimentarse en diferentes grados de profundidad.
Cada día que vivimos, recibimos y acumulamos valiosas experiencias y aprendizajes que van configurando nuestra capacidad para estar en el mundo. Este es un proceso natural y necesario. Pero estas experiencias derivan en conclusiones, fijaciones, condicionamientos, prejuicios, etc., y todo esto en su conjunto (lo que podríamos llamar el yo) se antepone a la vivencia pura, generando una dinámica de reacción continua que contamina la experiencia. Habitualmente el yo se interpone de tal manera que lo que percibimos no es la realidad misma sino una pseudo-realidad yosificada, o sea un yo mirándose a sí mismo. No veo las cosas tal y como son, veo a mi yo haciéndose un selfie continuamente.
Mi experiencia habla siempre del pasado, La Experiencia habla siempre del presente. Por eso, en primera instancia, la "mente de principiante" se refiere a la de alguien cuya mente discriminativa no limita su experiencia de la realidad tal y como es. No se trata de censurar la experiencia de nuestro yo, se trata de que el yo no censure nuestra experiencia. Pero esta actitud de mirada siempre-a-estrenar es solo una primera forma de vivenciar la mente de principiante. Adentrándonos en el zazen (meditación zen) podemos además descubrir y vivir una dimensión más profunda de la propuesta.
El término original chino/japonés de "Shoshin" (Mente de Principiante) se forma uniendo los ideogramas "Sho" y "Shin". El término "Shin" se refiere a la dimensión profunda de corazón-mente-fondo que en occidente a menudo se traduce como "mente". A su lado, el ideograma "Sho" (sho-shin) hace alusión a "una tela nueva justo antes de ser cortada para hacer un vestido". Por lo tanto, en realidad, "Shoshin" no se refiere a la forma en que utilizamos la mente (actitud de principiante) sino a la mente misma antes de que la utilicemos, no a lo que la mente hace sino a lo que la mente es, antes de que aparezca en ella el corte discriminativo. Este es el inicio mismo previo a cualquier movimiento de la mente. Esta es la Mente del Principio.
En la práctica Zen esto es una clave fundamental. La Mente del Principio es la Mente de Buddha, la Naturaleza Esencial, lo que en otra tradición presentan como El Paraíso: el momento previo antes de que el ser humano coma del árbol del conocimiento y aparezca en él la idea de bueno/malo que le hace sentir vergüenza y esconder su naturalidad tras una hoja de parra. En el Zen este pecado original no existe y nadie es expulsado nunca del paraíso. En el Zen comer de la manzana del conocimiento discriminativo es considerado tan solo una tendencia natural que genera la idea de separación y pone en marcha el mecanismo del sufrimiento.
Esta tendencia a la fantasía de la división hace perder de vista que originalmente todo es Uno, que el paraíso es la Naturaleza Esencial y que ninguna actividad de la mente ni corta ni mancha ni reduce nuestro fondo incondicional e inalterable. La tela infinita de donde surgen todos los vestidos de la existencia solo recibe cortes y tintes imaginarios en el taller de costura de nuestra ilusión. La Mente del Principio no es algo que está al principio y luego se pierde. La Mente del Principio es la Mente Original, es la Mente que está Siempre, es la Mente del Principio y del Final.
Nuestra Naturaleza Esencial no es un objeto, ni un estado, ni el resultado de una acción. Por eso el zazen no es un ejercicio para alcanzar un estado, ni para purificar nada ni reparar nada. En zazen penetramos en la realidad y en nosotros mismos, siempre con una mente de principiante más allá de los conceptos, para poder así experimentar y ser a cada instante la Mente del Principio. No damos un paso adelante hacia ningún sitio, nos quedamos quietos en el punto de origen. Descubrimos que el principio no está atrás sino siempre aquí. Confirmamos que el principio no fue antes sino siempre ahora.

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