RAMIRO CALLE

Ramiro Calle

YOGA Y ORIENTALISMO
Pionero en la enseñanza del yoga en España, disciplina que imparte desde hace más de 30 años en el centro de Yoga y Orientalismo “Shadak”. Fue el primero en promover investigaciones médicas sobre la terapia Yoga en España. Durante 40 años, ha explorado recuperado y aplicado, los métodos de sosiego y equilibrio, sintetizando los conocimientos de las psicologías de Oriente y Occidente.

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Karma-Yoga

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Karma es un término que significa acción y el Karma-yoga es, por tanto, el yoga de la acción o la modalidad yóguica que se sirve de la acción como medio para la autorrealización y la evolución consciente.
Ninguna persona puede dejar de actuar, pero hay muchos modos de hacerlo y la actitud tiene una importancia enorme. Puede ser un acción egocéntrica y egoísta, o una acción más desinteresada y que no retroalimente el ego; puede ser una acción que aliena a la persona y estreche su consciencia, o una acción que bien canalizada ensanche su consciencia. Voy a sintetizar algunos principios básicos de esta modalidad de yoga que aunque poco apreciada en Occidente es muy importante y sobre todo para las personas que llevan una vida común, con su trabajo, su familia y actividades cotidianas. Tales principios son:
• Hacer lo mejor que se pueda en todo momento y circunstancia.
• No encadenarse a los resultados, que si tienen que venir vendrán por añadidura, pero hay variables que no dependen de uno y nadie puede empujar el río. Si uno se obsesiona por los resultados se pierde una preciosa energía que bien puede utilizarse en otras actividades. Obra, pues, por amor a la obra y no solo sus frutos.
• Actuar conscientemente, sin dejarse atrapar tanto por la acción que pierda uno su propia identidad, se descentre y aliene. Saber hacer y dejar de hacer.
• Dentro de lo posible estar lúcido, ecuánime y sosegado en la acción, y como diría Vivekananda: "Actúa, actúa, actúa, pero que ni una onda de inquietud alcance tu cerebro".
• Si se fracasa, aprender del fracaso, sin desesperarse, tomándolo incluso como una oportunidad para corregir, sentirse humilde, y mejorar.
• No dejarse afectar ni por elogios ni por insultos.
• Desarrollar el discernimiento para saber cuándo es mejor optar y cuándo es mejor no hacerlo.
• Conciliar los intereses propios con los de los demás.
• Conectar con el aquí y ahora, comprendiendo que cada momento y proceso cuenta, y no solo llegar a la meta.
• Saber aprender y desaprender para volver a aprender, estando así en continuado aprendizaje.
• Seguir los propios dictados internos y no solo los de los demás, evitando ser un simple imitador y confiando en los propios recursos internos.
• Cualquier trabajo o actividad que no implique violencia o daño a los demás, es igualmente valiosa y debe ser respetada, sobre todo si es ejercida con recta intención.
El verdadero karma-yogui es un regalo para esta sociedad egoísta y convulsa. Es muy difícil serlo. Hermosas palabras las de Vivekananda en este sentido: "Trabajad por amor al trabajo. Hay en cada país unos pocos seres humanos que son, realmente, la sal de la tierra y trabajan por amor al trabajo, sin preocuparse del renombre ni de la fama, ni siquiera de ir al cielo. Trabajan simplemente porque de ello resulta un bien".

La transformación real de la mente

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En el camino del autoconocimiento y el autodesarrollo no es difícil autoengañarse. Se requiere intrepidez para poder desenmascararse ante uno mismo solo y ver así el lado oscuro y neurótico de la mente. Entre los autoengaños está uno de los más difíciles de salvar y que es el de arrogarse cualidades positivas de las que uno carece. En ese caso se produce un estancamiento inevitable en la evolución consciente. Si una persona se arroga que es generosa siendo ávida, nunca logrará ser generosa; si se atribuye la tolerancia sin poseerla, nada hará por ser tolerante, y así sucesivamente. Hay que verse a uno mismo tal como es e ir descubriendo esas tendencias insanas de la mente que son la avidez, el odio y la ofuscación, para poder irla debilitando mediante el cultivo y despliegue de sus opuestas: la generosidad, el amor y la lucidez.
La transformación real de la mente no se puede quedar en una fantasía, un engaño más, un pretexto o un propósito vano e incumplido. Se trata de una alquimia interior para transmutar las cualidades de baja calidad en cualidades preciosas, como el alquimista se empeñaba en transmutar los metales de baja calidad en metales preciosos. Esta alquimia se produce en lo más profundo de la psique, pues exige despojarse de viejos patrones, condicionamientos, estrechos puntos de vista, autoengaños muy variados, falaces interpretaciones, apegos y aborrecimientos que nacen de la ofuscación. El más nocivo y paralizante de los engaños es creerse que uno está modificándose y mejorando sin que se produzca la menor modificación en las actitudes y conductas.
Debemos partir de que lo que hay que entender con la mayor claridad posible es que en el trabajo interior ningún cambio se produce sin el esfuerzo necesario y que pequeños cambios van conduciendo a un gran cambio. Una enfermedad a veces es la que se denomina "la enfermedad de mañana", porque todo intento y esfuerzo se va postergando y al final uno se queda sin tiempo y baja el telón del teatro de la propia vida.
Para comenzar a desasirse y despojarse de esas tendencias que nos hacen daño y también perjudican a los demás, tenemos que tener el muy firme propósito de querer hacerlo y después poner todos los medios para irlo consiguiendo. O sea, hay que tener la clara comprensión del objetivo: cambiar para mejorar y ganar sosiego, y también la clara comprensión de los medios: las herramientas de las que disponemos para poder desplazarnos al objetivo. Las herramientas o medios son:

• La práctica asidua de la meditación.
• La observación de uno mismo para descubrirse y conocerse, pudiendo así saber qué transformar en la psique.
• La vigilancia de los pensamientos, las palabras y los actos para poder de ese modo regularlos mejor.
• El trabajo consciente sobre el cuerpo.
• El cultivo de la compasión.
• Tratar de permanecer más atento y ecuánime en la vida diaria.
• La reflexión consciente y provechosa.
• La mejor relación posible con las otras personas.
• La sincera autoevaluación para tener consciencia de si se está uno mejorando o no.
• La relación con personas que nos resulten afines en la búsqueda interior y que nos ayuden y las ayudemos a remotivarnos.
• Lecturas nutritivas psicológica y espiritualmente.
• Aprender a establecerse y disfrutar del silencio interior.

 

 

Yoga: Vitalidad y Plenitud

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 El yoga es la reunificación de las energías dispersas. En esta milenaria disciplina se valora muchísimo la fuerza vital o prana. Ni un dedo en el aire podemos elevar sin la energía. El yoga, con sus numerosas técnicas psicosomáticas, trata de encauzar fluidamente la energía y que podamos disponer de más vitalidad en todos los sentidos. Nada es tan  esencial como esa vitalidad que también se traduce en fuerza interior o fortaleza anímica. Por tanto hay que saber cuidar e incrementar la vitalidad y evitar desperdiciarla o que se vaya innecesariamente. Aunque una persona sana tiene mucha vitalidad, ésta energía o prana no es inagotable y es necesario velar por ella. 

Las cinco fuentes básicas de prana o vitalidad son: alimentación, respiración, descanso, sueño e impresiones mentales. Cuanto más más sana sea la alimentación, mejor respiremos y descansemos, más profundamente durmamos y más impresiones positivas le procuremos a la mente, más vitales nos encontraremos. Las impresiones mentales sanas y no tóxicas, son muy esenciales; son las vitaminas del alma; las impresiones tóxicas son muy dañinas y arruinan la vitalidad. A las cinco fuentes de energía mencionadas hay que añadir el ejercicio inteligente, el contacto con la naturaleza y las motivaciones o intereses vitales de carácter constructivo. Hay que evitar los disgustos  y preocupaciones inútiles, las obsesiones e innecesarias fricciones, el desasosiego y la melancolía, la agitación mental y las emociones insanas como celos, envidia, odio y otras. 
Nos ayudan enormemente a incrementar la vitalidad: la práctica de las posturas de yoga, el adiestramiento en el pranayama, la relajación consciente y profunda, la meditación  y las actitudes adecuadas en la vida diaria.
Tenemos que poner los medios y condiciones para alentarnos y no “des-alentarnos”; animarnos y no “des-animarnos”. El aliento y el ánimo son vitalidad, fuerza. También colaboran el pensamiento constructivo, el ánimo estable, la actitud de ecuanimidad y saber relativizar y dramatizar menos. Debemos observarnos para conocernos y superar así autoengaños y saber qué tenemos que transformar, con la lúcida consciencia de que si hoy no cambiamos algo en nosotros mañana nada será diferente. 
El esfuerzo también es energía, de la misma manera que la pereza, la apatía y la indolencia la roban o debilitan. La voluntad pone la energía en marcha y nos ayuda a mejorar. La voluntad no puede desarrollarse involuntariamente, sino mediante el esfuerzo bien dirigido. 
La consciencia es pura energía, al contrario que la mecanicidad o el automatismo, Estar consciente requiere esfuerzo, pero después procura mucha energía y una mente clara, lúcida y vigorosa. 
Ningún esfuerzo se pierde: es una ley eterna. Energía llama a energía: es otra ley. Como declaraba Buda: "No conozco nada tan poderoso como el esfuerzo para superar la desidia". 
En el yoga uno se convierte en su propio laboratorio viviente en el que experimentar y trabajar. El ser humano es también un mapa energético y hay que aprender de él mediante la propia experimentación. Y dependiendo de la actitud, no lo pasemos por alto: Lo que a unos debilita a otros fortalece. Según tomamos los acontecimientos, éstos nos sustraen preciosa energía o nos la insuflan. 
La consciencia clara y lúcida es una continuada fuente de energía. El hecho de estar atento exige energía, pero a la vez restituye mucha más energía en la persona. Estando alerta, estamos vivos, perceptivos, conectando con lo que es en cada momento.  Entonces el instante adquiere también su propio brillo, frescura, gloria, peso específico. Como un pez está rodeado por el agua y en el agua nace, vive, se reproduce, se alimenta y muere, así la energía es nuestra fuente de vida y cuando sabemos reorientarla es plenitud.   

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