DANIEL GABARRÓ

DANIEL GABARRO FOTOREFLEXIONES PARA EL DESPERTAR
Imparte formaciones para empresas, administraciones y organizaciones que quieren adaptarse al nuevo paradigma: los viejos tiempos no volverán y es imprescindible abrirse a la nueva realidad que ahora se está imponiendo. También cursos para personas interesadas en su crecimiento personal y despertar espiritual, en la línea de Antonio Blay y Anthony de Mello. Profesionalmente es empresario, escritor, conferenciante, formador, diplomado en dirección y organización de empresas, maestro, psicopedagogo, licenciado en humanidades, diplomado en dirección y organización de empresas, experto en PNL y exprofesor de la Universitat Ramon Llull y de la Universitat de Lleida.

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El mejor regalo eres tú

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Cómo vivir la Navidad desde lo esencial
Ana mira el reloj. Son las 08.59 h. Solo queda un minuto para que la tienda abra y ella es la primera de la fila. Ha hecho cola durante un par de horas, pero esta vez sí, podrá comprarle a su hijo el último móvil del mercado. Todo sea por ver su cara de alegría al abrir el regalo.
Durante los últimos meses no ha podido estar mucho con él. El trabajo, las obligaciones, una separación repentina…Pero está convencida que el móvil podrá compensar todo eso. 

¿QUÉ OCULTAN MUCHOS REGALOS?

La Navidad actual se basa en una idea errónea que nos hace sufrir: cuántos más regalos recibamos, mejor. Y, si son caros, mejor que mejor.
Si nos fijamos, los niños y niñas han aprendido esta idea desde bien pequeños y reclaman a sus padres una lista interminable de juguetes. Muchos de los cuáles terminarán dentro del armario el resto del año.
¿Por qué? Porque la sociedad nos ha hecho creer que cuánto más tengamos, más ricos seremos. Y eso nos lleva, inevitablemente, a acumular muchas cosas aunque no las usemos para nada.
Pero creer en eso nos hace infelices. Mientras sigamos aferrados a esta creencia, compraremos compulsivamente cosas para nosotros/as mismos/as y para los demás, creyendo que eso nos hace ricos.
No obstante, la verdadera riqueza se encuentra en otro sitio bien distinto. 

EL SENTIDO DE LA NAVIDAD

El propósito de la Navidad no es el intercambio de regalos materiales.

La Navidad nos recuerda la oportunidad que tenemos de volver a nacer. Es un período en el cuál podemos dejar caer todo aquello que creemos que somos (el ego-idea) y todo aquello que nos gustaría ser (el ego-ideal), para focalizarnos en lo que verdaderamente somos.
Porque, en realidad, lo que somos es puro amor, pura comprensión y pura energía. No somos ni el cuerpo, ni las ideas, ni los prejuicios… somos algo más que todo eso.
Cuando entendemos esta idea y somos capaces de aceptarla, nos damos cuenta que nuestra presencia es el mejor regalo que podemos dar a los demás.
¿Y qué implica nuestra presencia? La conciencia de lo que somos, la renuncia de la queja y de la culpa, la decisión de dar nuestro máximo, la voluntad de amar a los demás al margen de los sentimientos que nos despierten y la aceptación de todo lo que ocurre como parte de nuestro crecimiento.
Este es, si lugar a duda, el mejor regalo que nos podemos hacer a nosotros/as mismos/as y a los demás.

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Tu destino está escrito. Como transformar las dificultades en gozo

 

225 ILUS DANIELEl destino está escrito. Tu destino está escrito. Mi destino está escrito. No sé exactamente cómo ni cuándo, pero lo que nos va a ocurrir ya está previsto y, por lo tanto, es prácticamente inevitable.
¡Atención! Prácticamente, porque sí podemos transformarlo y mejorarlo desde el conocimiento. Ahí reside la importancia de saber cómo hacerlo, según el nivel de conciencia de cada uno.

UN DESTINO PARA CADA NIVEL DE SABIDURÍA

 

Creo que existe una ley universal que, según nuestra ignorancia, producirá una serie de efectos negativos en nuestra vida y, consecuentemente, un destino u otro. En otras palabras, todo aquello que desconocemos tenderá a escribir nuestras dificultades.
Para verificarlo, imagínate el siguiente ejemplo: no sé conducir, pero acabo de comprarme un coche. Si no tengo el carné e ignoro las normas de tráfico, pero me atrevo a conducir un vehículo, ¿qué destino me espera?
Seguramente, tener muchos problemas con las normas de circulación: atropellaré a alguien, chocaré, me multarán... quizás no suceda hoy, ni mañana. Pero seguro que sucederá más de una vez mientras siga ignorando cómo conducir. Por lo tanto, el nivel de sabiduría que tenga lleva implícito mi destino.
A mayor sabiduría me corresponderá un destino con menor sufrimiento (pues sabré manejar mejor muchas situaciones) y, a menor sabiduría, me corresponderá una vida con mayor sufrimiento. Mi tarea, pues, es abordar lo que no sé para dominarlo y que mi vida se llene de gozo haga lo que haga. 

LAS DOS MALETAS DE LA VIDA

 

 

Pero, para poder dominar lo que no sé y que mi vida se llene de gozo, antes tengo que identificar cuál es mi punto de partida.
En mi opinión, todas las personas cuando nacemos llevamos dos maletas.
En una maleta, hay las cosas que sabemos hacer y que, por eso mismo, nos satisfacen. Todas las personas llevan en esta maleta su vocación. Hay niños, por ejemplo, que desde pequeños tienen muchas habilidades sociales; mientras que otros son más introvertidos, pero son muy buenos en matemáticas o en lo que sea. Cada uno tiene unas habilidades distintas pero igual de importantes. Aunque algunas personas tienen más habilidades que otras en esta maleta, el tamaño de la maleta no es el mismo para todo el mundo.
Por otro lado, cuando nacemos también llevamos la maleta del Destino o de las dificultades. En esta maleta se encuentran las cosas que ignoramos y que nos cuesta hacer y que, por lo tanto, escriben nuestro destino. Cuando abordamos y superamos estas cosas es cuando verdaderamente crecemos. Seguramente, llegará un punto en qué la maleta del Destino será tan pequeña que ya nada nos hará sufrir. Pero mientras eso no ocurra, deberemos trabajar aquellos aspectos donde somos menos habilidosos. Por lo tanto, la función de la maleta del Destino es que nos concentremos en ella porque, gracias a eso, crecemos y conseguiremos que la maleta de la Vocación aumente. Si tuvieras que escoger una única maleta a trabajar, te sugeriría que escogieses esta: es la que más te ayudará a crecer.
Pero, en general, en nuestras vidas podemos combinar ambas: la de misión, para gozar e incrementar nuestra energía, y la del destino para ir reduciendo las cosas que no dominamos e ir convirtiendo toda la realidad en un espacio de gozo.

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El origen de nuestro problemas

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Qué dificultades tenemos según los tres centros vitales
Seguramente, a lo largo de nuestra vida, habremos observado que ciertas situaciones o problemas se repiten de forma cíclica. Eso es debido a una sencilla razón: nunca nos planteamos cuál es su verdadero origen.
Para poder detener esta noria, debemos entender que cualquier problema que tengamos está relacionado, o bien con nuestro centro emocional, con el centro intelectual o con el centro energético. Conocer estos tres centros nos ayudará, sin lugar a duda, a deshacernos del sufrimiento.
LOS TRES CENTROS VITALES
En nuestro interior existen tres centros vitales que están interrelacionados: el centro intelectual, el centro emocional y el centro energético. Estos no se pueden separar porque cualquier relación que tengamos con el mundo la tendremos desde estos tres centros a la vez.
Sin embargo, cada uno de estos centros puede vivirse de maneras muy distintas: equilibrado, que es el estado óptimo; anoréxico, que indica la necesidad de potenciar dicho centro; y vigoréxico, que indica la necesidad de reducirlo.
Obviamente, cuando uno de nuestros centros se encuentra en un estado anoréxico o vigoréxico, eso nos conlleva una serie de problemas. Para saber qué centro tenemos más desequilibrado, podemos basarnos en la ley del 20/80. Según esta ley, un 20% de nuestros problemas genera el 80% de nuestras dificultades. Consecuentemente, solo necesitamos identificar aquellos problemas más grandes que, seguramente, se repiten de forma cíclica en nuestra vida. Una vez hayamos detectado qué centro tenemos más desequilibrado, podremos incidir en él.
¿Pero, cómo somos, según tengamos un centro en un estado u otro?
El CENTRO INTELECTUAL
El centro intelectual es el motor del pensamiento. Las personas que tienen este centro en un estado equilibrado, ven el mundo como un lugar comprensible, en el que pueden aprender todo aquello que ignoran. No confunden su opinión con lo que conocen y se viven como personas inteligentes, es decir, con capacidad para comprender el mundo.
Las personas que, en cambio, tienen el centro intelectual vigoréxico, racionalizan mucho las emociones y las acciones. Son personas sin espontaneidad, que viven lo que piensan y creen que esa es la única realidad posible. No son empáticas y acostumbran a llevar un exceso de planificación, ya que eso les permite huir de sus verdaderos sentimientos. Además, buscan en todo momento el porqué de las cosas. Suele decir lo que piensan y viven el futuro desde una asepsia emocional, es decir, sin emociones.
Al contrario, quiénes tienen el centro intelectual anoréxico, habitualmente no llegan a conclusiones concretas porque continuamente piensan, pero les faltan criterios para decidirse. Son personas que viven al día, con una planificación más bien escasa. Suelen ser poco prácticas, porque no tienen alternativas: el hecho de dudar constantemente no les permite llegar a una conclusión sobre lo que tienen que hacer. Cambian de opinión según la persona que tengan delante, acostumbrando a tomar un rol secundario para no tomar decisiones.
EL CENTRO EMOCIONAL
En el centro emocional reside el corazón. Las personas que tienen este centro en su estado equilibrado, les gusta socializarse, pero eso no significa que en determinados momentos no sepan estar solos/as. Tienen cierta sensibilidad artística y les atrae la naturaleza y los animales. Son personas con empatía, (¡que no es lo mismo que fundirse con el dolor ajeno!) y con una buena autoestima de sí mismas.
Por otro lado, las personas con el centro emocional vigoréxico, tienden a sufrir mucho, ya que lo consideran una prueba de su bondad. Confunde, pues, el sufrimiento con la capacidad de empatía. Son salvadores natos, pues quieren salvar a todo el mundo, incluso a aquellos no les han pedido ayuda. Pueden manipular desde el victimismo, para que se les dé un apoyo continuado. Se fusionan emocionalmente con lo que les rodea y sienten que solo ellos/as comprenden a los demás. Eso les lleva a vivir una montaña rusa emocional: todo es terrible o todo es maravilloso, según la persona o el momento en el que estén.

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