DANIEL GABARRÓ

DANIEL GABARRO FOTOREFLEXIONES PARA EL DESPERTAR
Imparte formaciones para empresas, administraciones y organizaciones que quieren adaptarse al nuevo paradigma: los viejos tiempos no volverán y es imprescindible abrirse a la nueva realidad que ahora se está imponiendo. También cursos para personas interesadas en su crecimiento personal y despertar espiritual, en la línea de Antonio Blay y Anthony de Mello. Profesionalmente es empresario, escritor, conferenciante, formador, diplomado en dirección y organización de empresas, maestro, psicopedagogo, licenciado en humanidades, diplomado en dirección y organización de empresas, experto en PNL y exprofesor de la Universitat Ramon Llull y de la Universitat de Lleida.

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¡Levántate y Anda! Tu enfermedad no determina tu vida

Hace unos meses recibí un correo con una consulta de una mujer, que me pedía consejo debido a su enfermedad, que podía volverse crónica e incluso mortal. Me preguntaba, básicamente, cómo podía sobrellevar la enfermedad. Yo, me pregunté ¿qué consejo puedo darle? ¿Cómo puedo ayudar a una persona enferma? Y enseguida lo supe. Ella no estaba enferma. Eso es lo que se decía a sí misma, pero, en realidad, estaba perfectamente sana. 

EL ERROR DE CREERME ENFERMO 

Ocurre todos los días, en cientos de miles de hospitales del país. Una persona con una bata blanca entra discretamente en una habitación, cabizbajo/a, y diagnostica al paciente con una enfermedad grave. Le explica que la medicina ya no puede paliar sus síntomas, convirtiéndola así en una persona enferma. Puede que sea una enfermedad crónica, o puede que sea una enfermedad mortal. 

En ese momento, surge un sentimiento de temor por parte del paciente. “Yo, ¿voy a morir?” se pregunta. Segundos después, aparece otro pensamiento opuesto: el deseo inmediato de sanarse.  

La historia que os acabo de explicar reproduce un patrón de conducta común en la gran mayoría de los pacientes. Primero nos aferramos a la enfermedad y a sus consecuencias y, luego, nos invade la profunda convicción de que debemos luchar contra ella. No digo que, a priori, no sea normal adoptar esta actitud. Sin embargo, asumir que uno/a está enfermo es un inmenso error. Y, como cualquier error, lo único que hace es condenarnos al sufrimiento. 

PERO, ¿QUIÉN ES EL YO? 

En la frase inconsciente, “yo voy a morir”, hay dos ideas implícitas: por un lado, hay una muerte y, por otra, la de un “yo”. En la afirmación “yo estoy enfermo”, también reside la idea de una enfermedad y, además, de un “yo”. La declaración “yo debo sanarme” muestra, como las anteriores, el mismo esquema.  

Esto nos indica que siempre existe un YO permanentemente presente. Por ello, deberíamos preguntarnos: ¿qué quiere decir ser yo? ¿a quién me refiero cuando hablo del yo? Y, al hacerlo, es casi seguro que todos y todas nos descubramos hablando, aunque sea indirectamente o implícitamente del cuerpo. Y ese, es otro error. 

Asociar el cuerpo con el yo es una terrible equivocación. Pensad un momento en lo siguiente: vuestro cuerpo no es el mismo que cuándo eráis un bebé, ni será el mismo dentro de treinta años. Aun así, el “yo” sigue siendo el mismo. Vuestra esencia no ha variado independientemente de vuestro cuerpo, aunque ésta se exprese en él. 

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El cuerpo es el vestido del yo, simplemente eso. Si el cuerpo fuera mío, este me obedecería a mi merced. El hecho de que el cuerpo enferme, se canse o tenga hambre, son indicadores que me recuerdan que yo solo lo habito, es un vehículo y, como tal, tiene sus necesidades. Cuando nos damos cuenta de que somos conciencia que se expresa a través del cuerpo, podremos entender que el cuerpo puede morirse, pero no lo que reside en su interior.  

Por lo tanto, no debemos identificarnos con el cuerpo porque, si no, sufriremos al pensar que habitamos un cuerpo enfermo. Pero, si hago un pequeño ejercicio de conciencia, descubriré que no soy yo, sino que es el cuerpo quién vive una enfermedad.  

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Islam y la lucha contra el Infiel: Lecciones de Amor

En este mismo instante, muchos países se encuentran atravesados por el odio de la islamofobia. Los atentados en nombre del Islam nos pueden confundir y hacernos creer que el Islam es una religión de odio. Pero el Islam tiene lecciones importantes que darnos. Entre ellas, la de la lucha contra el infiel: la yihad.  ¿Podemos acogerla amorosamente en nuestro interior? 

LA VERDADERA LUCHA CONTRA EL INFIEL 

En la lectura del Corán, se insta a las personas creyentes a luchar contra los infieles en repetidas ocasiones. Se trata de una obligación religiosa para los musulmanes. Pero, ¿quiénes son realmente los infieles? Los infieles no son los demás, ni aquellos/as que libremente han decidido no abrazar el islam. 

Esa sería una interpretación errónea. El Islam no busca la agresión como forma de relación. Entonces, ¿a qué lucha se refiere? 

Creo firmemente que la yihad hace referencia a la lucha con uno mismo/a. El verdadero significado de la palabra yihad es, precisamente, la lucha contra el infiel que llevo conmigo, con aquellas partes de mí que siguen sin confiar en la vida. 

Eso sucede porque en mi interior tengo áreas que siguen sin aprender a amar. Hay partes de mí que siguen ancladas en el odio, que continúan ligadas a la idea de que nada es más importante que lo que me afecta a mí personalmente, y que me impiden ser amoroso con los demás. Y ese es un error inmenso. La lucha contra ese error es al que se refiere el Islam. 

Pero no nos equivoquemos. La lucha contra nuestro enemigo interior no puede hacerse a través del odio. Como nos enseñan los sufís, místicos musulmanes que integran en sus vidas la profunda vivencia del Islam, debe hacerse abrazando tiernamente la Verdad. La clave es actuar desde la comprensión, el amor y la ternura. Pues desde ahí se vivencia que todos somos uno. 

En la búsqueda sincera de la verdad a través del amor que produce, inevitablemente, la comprensión profunda, todas las religiones encuentran un punto de unión. Pero esa comprensión profunda solo es posible alcanzarla mediante una aceptación total de todas nuestras realidades internas, especialmente las que nos llenan de miedo, de odio y de dolor. Eso significa abandonar la violencia y el maltrato también hacia nosotros: una verdadera e innegable Yihad. Toda una lección a aprender. 

Debemos recordar que todo lo que veo fuera es, en realidad, una proyección de mi interior. Cuando en mi interior haya paz, entonces habré convertido al infiel. La Yihad habrá terminado. La Yihad habrá vencido. 

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EL VELO QUE LLEVO DENTRO 

Cuando hablo de convertir al infiel que llevamos dentro, no hablo desde la teoría, sino desde mi propia experiencia. 

En más de una ocasión, me he cazado a mí mismo mirando con superioridad a una mujer que lleva el hiyab, el velo que utilizan muchas mujeres musulmanas para cubrir su cabeza. El hecho de sentirme superior a ellas me recuerda que, en realidad, quién lleva el velo de la ignorancia soy yo. 

Si consigo mirar con ternura en mi interior, entenderé que ese pensamiento, además de injusto, nace del miedo que me provoca lo diferente, lo desconocido. Olvido que el hiyab es utilizado como símbolo para decir “nadie manda en mí”, “no obedezco a nadie más que a la divinidad”. Este es el verdadero significado del velo musulmán en ciertos párrafos del Islam. Solo recordando esto, dejo de ocupar un lugar violento que no debería haber ocupado nunca, del que debería renegar. He vencido en mi Yihad. 

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El significado de la Semana Santa

La culminación de un proceso de 4 pasos

Durante la Semana Santa, seguro que tendremos la oportunidad de viajar a preciosos lugares, perdernos por las callejuelas del casco antiguo al acabar una procesión, oír cantar saetas.... Sin embargo, el significado de la Semana Santa va mucho más allá de estos rituales y no tiene que ver, necesariamente, con una religión concreta. En este artículo, te invitamos a descubrir el profundo significado de la Semana Santa.

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TRANSFORMACIÓN INTERIOR: UN PROCESO DE 4 PASOS

En mi opinión, la Semana Santa no habla de la muerte y la resurrección de Jesús de Nazaret, sino de otra muerte y resurrección que nos implica a nosotros: nuestra propia muerte y nuestra propia resurrección. 

Se trata de un período para celebrarlo, para darse cuenta, para morir y resucitar conscientemente. Aquí y ahora. Pero solo podemos celebrar nuestra muerte y resurrección si llegamos a ella con plena consciencia y eso implica un proceso. 

¿De qué proceso estoy hablando? Pues de un proceso de transformación interior que puede resumirse en cuatro pasos:

PRIMER PASO: PREPARACIÓN

El primer paso es, sin lugar a dudas, detener el sufrimiento. Mucha gente cree, erróneamente, que el sufrimiento debe soportarse estoicamente y que nos perjudica. No obstante, sucede todo lo contrario: ni debe soportarse, ni nos perjudica. El sufrimiento es necesario porque nos advierte que estamos equivocados.

Veámoslo con un ejemplo. Cuando pongo la mano encima del metal ardiendo de una estufa de carbón, noto una quemazón intensa y, por eso, la aparto de inmediato. El dolor físico nos es útil para apartar la mano, para alertarnos de la situación que nos está dañando. Lo mismo sucede con el sufrimiento psicológico. Cuando sufro, se me está indicando, estoy teniendo la prueba evidente, de algo que no comprendo. 

Mientras yo quiera seguir teniendo la razón y esté equivocado, será como mantener la mano encima del metal y pretender que no me queme. Consecuentemente, el primer paso de todo despertar es decir ¡basta! al sufrimiento, es decir “no quiero seguir sufriendo”. Lo que quiero es comprender, quiero entender. Este es el primer eslabón, el primer paso del proceso de liberación. 

SEGUNDO PASO: NACER COMO BEBÉS

Cuando entendamos que el sufrimiento es optativo, nos daremos cuenta que somos ignorantes. Este es el segundo paso fundamental. Hasta este momento, considerábamos estar en lo cierto, tener razón. Esta pretensión me conducía a ir en contra de las Leyes del universo y esta dinámica implicaba, irremediablemente, sufrimiento. 

A partir del momento en que aceptamos aprender, nos convertimos de nuevo en un bebé. Los bebés son niños/as recién nacidos que no tienen ningún conocimiento y están abiertos a aprender como esponjas. Nos transformamos en alumnos que van al colegio de la vida y, lo que es más importante, que van con ganas. Allí no ponen en duda nada de lo que se les enseña, solamente se preguntan ¿cómo puedo aprenderlo? Y se esfuerzan para aprenderlo en profundidad.

De alguna forma, estamos hablando de volver a nacer. Nacemos como hijos de Dios, del cual queremos ser a imagen y semejanza, para convertirnos en Mesías. Para salvar y sanar profundamente nuestra vida del dolor y del sufrimiento. Para escoger y comprender el sentido de nuestra propia vida.

Así pues, el segundo paso es comprometerse en el camino del autoconocimiento y volver a nacer. Sin este compromiso, la Semana Santa, el morir y el resucitar, se convierten en una quimera.

TERCER PASO: LIMPIEZA 

El tercer paso implica invertir tiempo en limpiar nuestros errores interiores. Como ocurre con la suciedad, ésta no es infinita y, por lo tanto, este paso tampoco lo es.

Hay personas que creen que es imposible llegar a una felicidad total aquí y ahora. Lo que les ocurre es que olvidan el paso más importante que es, ni más ni menos, empezar. Si cada día limpio una pieza de mi vajilla, algún día terminaré con todos mis platos sucios. Mis errores, mi ignorancia no es infinita. Si aprendo, algún día terminará. El cuándo depende de muchos factores: el número de platos; de la calidad del detergente; de lo sucios que estén, etc. Pero, innegablemente, si me pongo manos a la obra algún día se terminará. El cuándo no depende de mí, el trabajo interior sí. 

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