Yo te deseo... Feliz Navidad!!

Nochebuena, víspera del día de Navidad. Enciendo el móvil y aparecen decenas de mensajes y vídeos de mis grupos de WhatsApp. En todos ellos, se repite el mismo mensaje: ¡Feliz Navidad! ¡Tu felicidad es mi mayor deseo! Luego, caritas sonrientes y un simpático villancico de fondo.

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Y, en ese momento, me pregunto: ¿quién tiene que ser feliz? ¿quién es ese “yo” que desea la felicidad? ¿qué significa realmente la Navidad y qué relación tiene con el “yo”?

EL DESPERTAR

Antes de nada, empecemos por lo más básico: ¿qué significa la Navidad?
En diciembre de 2016, escribí en esta revista un artículo reexplicando el concepto de la Navidad. En él, señalaba que la palabra Navidad proviene del latín “Nativitas”, es decir, “nacimiento”. La Navidad, pues, nos habla literalmente de un nacimiento que está a punto de acontecer. ¿Cuál? El nuestro.
No se trata del nacimiento de Jesús de Nazaret, sino del que debe producirse en cada uno de nosotros. Esta época del año nos ayuda a recordar que ha llegado el momento de nacer, el momento de despertar. Nosotros somos a imagen y semejanza de la divinidad: hemos nacido como parte de una conciencia que, a su vez, es parte de la totalidad. Y, en este viaje a través de la vida, nuestra verdadera tarea es auto-conocernos y expresarnos.
Un año después, quiero ir un paso más allá de esta explicación.

¿QUIÉN SOY “YO”?

 

 

Los pensamientos, las emociones y las acciones son variables, pues pueden cambiar en cuestión de minutos. Puedo despertarme, por ejemplo, pensando una cosa y acostarme pensando otra bien distinta sobre el mismo asunto.
Sin embargo, quién nunca varía es el “yo”. El “yo” entendido como la conciencia que vive las experiencias y sobre la cual se construyen los sentimientos, las emociones y las acciones. Se trata de una conciencia que está más allá de lo que se siente, de lo que se hace, de lo que se dice y de lo que se piensa. Pero que, a su vez, aprende a través de los pensamientos, los sentimientos y las acciones.
Si tuviésemos que hacer un símil, el “yo” sería como el hilo de un collar de perlas, que une todos y cada uno de los momentos de nuestra vida con su presencia. Este hilo nunca cambia, mientras que lo que nos ocurre no son más que hechos puntuales que no tienen sustancia per se.
Por lo tanto, el “yo” es esa sustancia, esa conciencia que siempre está. Esa presencia que se da cuenta. Lamentablemente, muchos de nosotros aún estamos esperando el nacimiento de esta conciencia porque todavía no ha nacido.

VIVIR DORMIDOS

 

 

La mayoría de las personas viven en la mecanicidad y en la inconsciencia. Son personas que siguen confundiéndose a sí mismas con lo que les ocurre, con lo que piensan y con lo que hacen, pero que aún no han descubierto la conciencia que son y donde estos pensamientos, sentimientos y acciones se producen. Y, eso, nos a plantea un dilema: ¿qué ocurre si el “yo” no está? ¿Si el “yo” no ha nacido?
Tal como decía Gurdjieff, una persona que ignora su propia conciencia, actúa de forma mecánica y, por lo tanto, todavía no existe. Por consiguiente, es una persona que aún no es, que todavía tiene que nacer. Mientras tanto, vive una vida de forma inconsciente que se explica a través de automatismos.
Esta persona, al confundirse con lo que le ocurre, no puede evitar dar una respuesta mecánica. Por ello, desde este punto de vista, afirmo que es una persona que vive dormida. Todavía espera a que llegue su Navidad para nacer.
Si estas personas no despiertan, tenderán a sufrir, puesto que es imposible que todo en esta Vida acontezca tal como uno/a quiere. No obstante, es precisamente gracias a ese sufrimiento que en algún momento se hartarán de él y dirán ¡basta! Ahí es cuando se produce el verdadero nacimiento.
Por ello, no maldigamos al sufrimiento, sino veámoslo como una puerta al despertar. Una puerta que nos conduce hacia la Navidad, a nacer como un “yo” pequeño, pero suficientemente real y auténtico para que pueda crecer hasta darse cuenta que ya es perfecto, a imagen y semejanza de la misma perfección.

¡FELIZ NAVIDAD!
Llegados hasta aquí, comprenderás que desde estas páginas te desee, con todo mi corazón, ¡feliz Navidad! Desde mi “yo”, desde la esencia que soy, deseo tu despertar. Espero que descubras que eres una conciencia, aquí y ahora, a imagen y semejanza de la divinidad.
Por eso, cuando vuelvas a escuchar “feliz Navidad”, recuerda lo que te están diciendo: despierta, deja de confundirte con lo que sientes, piensas o haces.
Feliz navidad significa... ¡despierta!
¡Que así sea!
UN REGALO DE NAVIDAD PARA TI
Si lo deseas, puedes ver un breve vídeo para que puedas recuperar tu “yo”. Se trata de un ejercicio muy sencillo para que vivas la conciencia que eres. No dudes en verlo, es el mejor regalo que puedes darte en estas fechas.
Lo encontrarás en: www.danielgabarro.com/verdemente

 

Tagged under: Ramiro Calle

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