RAMIRO CALLE

Ramiro Calle

YOGA Y ORIENTALISMO
Pionero en la enseñanza del yoga en España, disciplina que imparte desde hace más de 30 años en el centro de Yoga y Orientalismo “Shadak”. Fue el primero en promover investigaciones médicas sobre la terapia Yoga en España. Durante 40 años, ha explorado recuperado y aplicado, los métodos de sosiego y equilibrio, sintetizando los conocimientos de las psicologías de Oriente y Occidente.

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La Sabiduría de la fluidez

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Todo fluye, nada permanece. Todo transita, nada se detiene. Todo viene y parte, nada se queda. Y, sin embargo, no sabemos ser fieles a la naturaleza del momento, fluir con el curso de los acontecimientos desde la consciencia y la ecuanimidad, saber tomar y saber soltar, dejarnos inspirar por el abierto y apacible espíritu del valle.
La vida no es una fotografía fija. No es una diapositiva inmóvil. No es una escena que se detiene. La vida sigue su curso, es impredecible e imprevisible, es como el mercurio que no puedes coger con los dedos, como el torrente de agua que encuentra la manera de seguir su curso. Nada deja de estar sometido a la transitoriedad. Pero cuanto más dura más nos engaña, como si fuera el más hábil prestidigitador, y creemos que es fijo, que dura siempre.
Lo fijo se endurece. La flexibilidad es vida, pero la rigidez es muerte. Lo fijo está en la mente, pero no en la vida. La mente acumula, endurece, se adhiere a viejos modelos y patrones, imita, no se renueva, carga con su fardo de traumas, complejos, frustraciones y heridas psicológicas. La vida cambia, pero la mente se agarra con desesperación a su jaula de ignorancia, avaricia y odio. La mente quiere detenerse en sus esquemas, en sus ciegos y mecánicos modelos de pensamiento, en su culpabilidad, su desdicha, su rencor y su necedad. Los años discurren y la mente se niega a cambiar.
Cuando una habitación no se ventila, su atmósfera se enrarece. Cuando el agua no fluye, se vuelve sucia y maloliente. En el trasfondo de la mente hay pus que liberar; en la trastienda de las emociones, hay fango que limpiar. La idea del despertar es una idea, una más. Hay que despertar. No se trata de una idea fija. Nadie despierta con la idea del despertar. Hay que poner todos los medios para irlo consiguiendo.
Lo fijo se oxida. Lo fluido siempre permanece en su inspiradora frescura. Un amor que se fija no es amor, sino una obsesión. El amor se expande, fluye, se irradia. Nunca se detiene, no tiene límites.
Porque todo fluye, hay tres cosas que nunca pueden recuperarse: la flecha disparada, la palabra dicha y la oportunidad perdida. Porque todo fluye, Buda se encontró con el enemigo que el día anterior le escupió y le sonrió ante su sorpresa, diciéndole: "tú eres ya el que me escupió y yo el que recibió el escupitinajo". Así no hay lugar para el afán de venganza, el rencor, el odio que se fijan en el alma y le impiden renovarse.
Si todo fluye, todo transita, todo muda, ¿de qué podemos estar seguros? De nada. Tanto más seguros queremos estar, más inseguros estamos. Mientras más nos entregamos a la inseguridad, más seguros nos sentimos. A la sabiduría de la fluidez hay que añadirle la de la inseguridad. Todo es incierto, todo es en cierto modo un despropósito, pero se puede vivir con consciencia y ecuanimidad, ciega y mecánicamente. Como decía Tennyson: "la única seguridad yace en la inseguridad". La inseguridad es segura. La impermanencia es fija.
El conocimiento es fijo: acumulación de datos, información, saber libresco, erudición. A nadie cambia. La Sabiduría es movible y reveladora. Una biblioteca es algo fijo, pero la vida es movimiento. El que se detiene psíquicamente ya está muerto, pero no es la muerte para renacer, como va logrando la práctica de la meditación, sino para morir en vida... ¡y qué peor muerte puede haber! Los conceptos nos bloquean; las creencias nos disecan. Nos volvemos torpes y pusilánimes, y entonces comenzamos a utilizar amortiguadores psíquicos, autoengaños, todo aquello que aún nos fija más y nos impide ser fluidos, naturales, hermosamente intrépidos.
En lo fijo hay una aparente seguridad que no es tal. Es una alucinación. Mientras más autodefensas narcisistas, menos defendidos estamos. Si te detienes montando en bicicleta, te caes. Si el funámbulo se agarra al alambre aterrorizado, no logra cruzarlo.
Si no nos vaciamos interiormente de algo, nada puede entrar. Nos cerramos a la energía sutil. Nos volvemos un disco de vinilo repitiéndose incesantemente. Siempre el mismo disco. Nos hacemos toscos, nos embrutecemos, dejamos de sorprendernos con la imprevisibilidad, la impredecibilidad y la inseguridad de la vida.
La meditación de observación de nuestros procesos psicofísicos nos encara abiertamente con la inestabilidad y mudabilidad de todos estos procesos que surgen y se desvanecen en la mente y el cuerpo. Hay así una toma de consciencia directa y transformativa de cómo también en nosotros mismos las sensaciones, percepciones y contenidos mentales surgen y se desvanecen. Para ello se requiere mucha atención y no poca ecuanimidad. Uno se vuelve un experimentador en su propio laboratorio viviente y se percata del río de sensaciones-pensamientos-emociones que vienen y parten. Uno aprende a vivir con las configuraciones de la vida, y a aprender a hacerlo con las de sus procesos psicofísicos. Surge así una energía de intrepidez y se integra en uno mismo esa sabiduría de la inseguridad que al no demandar seguridad reporta, paradójicamente, mucha certidumbre. Y entonces uno puede preguntarse dónde hallar refugio. Y comprende que, como dijo Buda, solo en un lugar: DENTRO DE TI MISMO. 

La Sabiduría transformadora y liberadora

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Ya nos previno Buda: "La mayoría de las personas envejecen como bueyes, ganando en kilos pero no en Sabiduría". La Sabiduría hay que conseguirla, poniendo los medios necesarios para ello, tal como ese trabajo interior que nos ayuda a superar la ofuscación y obtener la visión de lo que se nos escapa. Es discernimiento puro, visión penetrativa y lúcida, el entendimiento correcto que conduce a la acción recta.
El conocimiento ordinario tiene tanto de ilusorio como de real. No transforma. Es acumulación de datos e información y tiende a la visión parcial, etiquetando y rotulando, sin una visión panorámica y clara de lo que es, e incurriendo con demasiada frecuencia en el dogmatismo o en estrechos puntos de vista. El conocimiento no modifica a la persona, no cambia sus actitudes. El puro saber libresco y la erudición, tampoco.
Todos nos pasamos conocimientos. Tú me pasas tus conocimientos y yo te paso los míos. El conocimiento va y viene, pero no ha demostrado la menor eficacia en humanizar a la persona y realmente modificar sus actitudes. Es un saber prestado, basado en lo conceptual, sometido a toda suerte de interpretaciones y al juego de espejos distorsionantes de la mente. Por eso solo hasta cierto grado es de fiar. Pero la Sabiduría está mucho más allá del conocimiento ordinario; es otro tipo de saber, que transforma y cambia las actitudes y el modo de ser. Así como el conocimiento es transferible, la Sabiduría no lo es. Tú tienes tú Sabiduría y yo tengo la misma. La Sabiduría es una manera muy especial de ver y proceder; es una visión penetrativa, intuitiva, clara y lúcida de lo que es. El conocimiento no nos hace proceder en consecuencia, porque no es saber auténtico y profundo; la Sabiduría, sí.
La Sabiduría se va ganando por uno mismo, aprovechando las enseñanzas y métodos que nos han legado las mentes más autorrealizadas. Así como el conocimiento ordinario nos estanca, la Sabiduría nos permite avanzar por la senda de la compresión profunda, el autoconocimiento y la mutación de la consciencia. Nos facilita el entendimiento correcto que nos permite ver más allá de las apariencias e irnos desprendiendo de la influencia del pequeño yo. La sabiduría es conocimiento y percepción de Ser. Libera. Todas las prácticas meditacionales tienden a superar la ofuscación de la mente, y que pueda así eclosionar la esclarecedora energía de la Sabiduría. De la meditación brota la Sabiduría y de la Sabiduría surge la libertad interior y la independencia mental.
El trabajo interior o sobre uno mismo se basa en la superación de las tendencias insanas de la mente, la autoobservación, el conocimiento de sí, el esfuerzo consciente para reorganizar la vida psíquica, el metódico cultivo de la atención y llevar ésta a la vida diaria. La práctica de técnicas psicosomáticas, la meditación, el mejoramiento de las relaciones con los demás y la acción más consciente y desinteresada.
La ignorancia básica de la mente debe ir superándose mediante la visión esclarecida y penetrativa que permite descubrir lo que fluye más allá de los viejos modelos mentales y de las apariencias. La meditación no es todo, pero juega un papel primordial, porque le enseña al practicante a saltar fuera de la sombra de la mente condicionada y que se realimenta de otro modo ad infinitum con sus reactividades, viejos patrones, asociaciones mentales mecánicas y todo tipo de condicionamientos que se perpetúan en el inconsciente y hacen a la persona mecánica al pensar, al hablar y al actuar, robándole su independencia interior y creándole sufrimiento.
La meditación es el arte de la detención consciente para poder ir conectando con el origen de la mente o raíz del pensamiento, donde surge una experiencia por completo desconocida e insospechada hasta que no se vive. Ha sido una constante en la sabiduría oriental el ofrecer enseñanzas y métodos para descondicionar y desautomatizar la mente, para que pueda surgir otro tipo de percepción mucho más esclarecida y libre de autoengaños. Como explico en mi relato espiritual "El Faquir", se trata de acceder a la no-mente o la denominada Mansión del Vacío (Nirmanaka), que facilita una experiencia transformativa, y más allá de las limitaciones del pensamiento ordinario. La meditación es la muerte temporal del ego para que pueda eclosionar el Ser o Vacío Primordial.  

 

El poder de los Mantras

 

222 ILUS RAMIROEl yoga es básicamente método. De ahí que desde tiempos inmemoriales se ha incorporado a numerosos sistemas filosófico-religiosos de todo Oriente y ha sido considerado el eje espiritual de Asia. Con razón el gran psicólogo William James declaraba que el yoga es "el método ascético más venerable de la Humanidad". El yoga dispone de un impresionante arsenal de técnicas y procedimientos para favorecer la evolución consciente, transformar la mente y hacer posible la realización de uno mismo. Entre sus numerosas técnicas está la del mantra, que se han venido utilizando en la India desde siglos antes de la era cristiana.

Un mantra es una palabra o fonema con un especial significado místico o esotérico, y que se recita mental, semiverbal o verbalmente, siendo la recitación más poderosa la mental. El mantra le inspira a la mente aquello que el término designa. A través de él, el practicante evoca-invoca-convoca lo que el mantra significa. Es éste un medio de conexión con una realidad que está más allá de la mente ordinaria, o justo escondida en la mente común como la perla lo está en la ostra, o la nata en la leche.
Los mantras se han utilizado desde antiguo en muchos países de Oriente y, sobre todo, en la India. Incluso hay una rama del yoga, denominada mantra-yoga, que se ocupa de manera primordial en la investigación y recitación de los mantras. Es toda una ciencia del sonido y de la vibración, así como los efectos que originan en la mente, el sistema emocional, el cuerpo energético y el cuerpo físico.
El sonido y el sonido articulado o palabra, son energía, vibración y poder. El universo está impregnado de vibración y tal vibración emite un sonido ultrasutil, que se va haciendo más tosco en la medida en que se torna más energético y físico, menos etéreo. El sonido más puro es el que surgió cuando el universo se manifestó. De lo inmanifiesto surgió lo manifiesto. Para los hindúes de Shiva (el Ser o Conciencia) surgió la energía dinámica o Shakti, que crea todas las formas. Shiva, lo inmanifiesto, es estático, y Shakti, lo manifestado, es dinámica. Hay un adagio que incluso reza: "Sin su Shakti, Shiva es como un cadáver", dando a entender lo esencial de la energía dinámica que es Shakti. El sonido que dio comienzo con la explosión del Cosmos, fue AUM, que al recitarlo se contrae como OM. Designa al Absoluto o Mente Cósmica. Es el mantra de los mantras, el más repetido y venerado en la India y se le ha conocido como el Sabda-Brahmán o Sonido de Dios. Todo lo viviente emite ese sonido primordial y si pudiéramos escuchar la vibración de lo manifestado sería como un OMMMMMMMM ininterrumpido e incesante. Es el sonido o vibración de toda forma de vida mineral, vegetal o animal.
Mediante la recitación del mantra OM, la persona se interioriza y, enfocándose allí donde el mantra surge, logra ir más allá del pensamiento, acallando los pensamientos que interfieren y estorban, para acceder a la parte más profunda e íntima de uno mismo. Así la persona concentra, limpia y sanea su mente, manteniéndola sosegada e interiorizada. La recitación del mantra va unificando la consciencia y combatiendo la agitación y dispersión mentales, pero tiene que ser una repetición consciente y no mecánica, en la que hay que cultivar tres actitudes:
• Evocación, en cuanto que se evoca aquello que el mantra designa.
• Invocación, pues se invoca su sentido, su poder, para que se manifieste en uno.
• Convocación, porque se trata de convocar, dentro de uno, lo que el mantra designa.
Cuando la persona recita el mantra OM, logra una notable capacidad para otorgarle a la mente serenidad e introspección. Puede recitarse el mantra de diez a veinte minutos o más, en posición de meditación, evitando las distracciones. El mantra puede recitarse independientemente de la respiración o asociándolo a la misma. Si se asocia con la respiración, se recita, alargándolo, una vez por inhalación y una por exhalación, mentalmente. También se puede recitar y mentalizar el mantra reverberando en determinadas zonas del cuerpo, como la boca del estómago, la región cordial o el entrecejo. El mantra se convierte en una llave de la mente. Como tanto insisto en mi relato iniciático "EL FAQUIR", se trata de pasar de la mente de superficie a la mente profunda y sin fluctuaciones mentales, es decir unmani o no-mente. Porque cuando el pensamiento cesa, se revela la luz del Ser.
Incluyo otros tres mantras de gran alcance espiritual:
HAM SA
Es el mantra natural y espontaneo de la respiración. Se conecta la mente con la respiracion y, mentalmente, se recita Ham alargándolo, al inhalar, y Sa, alargándolo, al exhalar. La h se aspira.
OM NAMAH SHIVAIA
Recibí este mantra directamente de Baba Muktananda y de Babaji Sibananda de Benarés, entre otros yoguis. Es la invocación al ser interior, trasladando la mente a su fuente, más allá del pensamiento. Se puede recitar independiente de la respiración o asociándolo con la inhalación y la exhalación. Al recitarlo uno debe mentalizar: "Invoco mi ser interior", pero sin palabras, con un sentimiento de honda introspección.
OM TARE TUTARE TURE SOHA
Durante muchos años, mi hermano Miguel Ángel y yo cerrábamos el programa radiofónico que hacíamos semanalmente con la recitación por tres veces de este significativo mantra. Se trata de una apelación a la benevolente energía femenina cósmica, para que nos inspire a pasar de la orilla de la oscuridad a la de la luz, de la de la servidumbre a la de la libertad interior. Lo mejor es ir encadenando el mantra seguidamente el tiempo dedicado a su recitación, vivenciándolo en lo profundo.

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