La Senda del genuino Yoga. Un culto al ser y no al cuerpo

205 RAMIRO CALLEAl cumplir ahora mis setenta y tres años de vida, tomo plena consciencia de que llevo nada menos que cincuenta años impartiendo clases de hatha-yoga y meditación, así como seminarios, conferencias, talleres y cursos sobre las técnicas orientales de autorrealización, habiendo utilizado mucho de mi tiempo en la investigación y en escribir más de doscientas cincuenta obras sobre sabidurías orientales. Todo ello motivado, profundamente motivado, por poder brindar a los demás el regalo que yo recibí: la verdadera enseñanza del yoga y de numerosas técnicas de autorrealización de Asia, tras haber efectuado, también, más de ciento veinte viajes por Oriente.
Cuando me preguntan si no me siento cansado de tanta difusión y de haber sido como un sabueso buscando las verdaderas fuentes y a los más genuinos mentores, me percato de que el mayor de mis estímulos ha sido transmitir lo que yo he recibido, ser un intermediario gnóstico para llevar a los demás métodos liberatorios de total solvencia, sobre todo hoy en día con la proliferación de neoyogas que no son yogas, neotantras que no son tantra, neovedantas que no son vedanta.
Como soy un escritor libre e independiente, puedo verter mis vivencias y opiniones desde esa libertad e independencia, máxime en cuanto que no formo parte de grupos o grupúsculos pseudoespirituales o religiosos, sectas o instituciones u organizaciones que necesariamente hay que poner bajo sospecha. He entrevistado a decenas y decenas de sadhus, yoguis, eremitas, maestros, lamas, monjes budistas y eruditos. Así he podido verter mucha de esa sabiduría perenne en algunos de mis libros más sustanciosos, como Conversaciones con yoguis, conversaciones con lamas y sabios budistas, y La sabiduría de los grandes yoguis. A nadie pido que me lea, ni que asista a mis conferencias o talleres o que vea el documental sobre mi vida o que visite mi facebook.
No hago proselitismo y soy "alérgico" a las organizaciones espirituales, como le sucedía a mi admirado amigo del alma Babaji Sibananda de Benarés y al lúcido Krishnamurti. Pero insisto en que lo que es yoga es yoga y lo que no lo es no lo es, por mucho que quieran denominarlo así. YOGA ES YOGA, pero muchos por ser ignorantes o malintencionados toman el yoga por lo que no es yoga en absoluto y encima tratan de convencernos de que sí lo es. Cuando publiqué hace muchos años mi libro Verdad y mentira de los gurús ya recibí incluso amenazas muy severas, pero como escritor independiente, como buscador espiritual no adscrito dogmáticamente a ninguna corriente, opino de acuerdo a mi discernimiento y mi experiencia personal. Hay gente a los que no le gusta, sobre todo a aquellos que falsean y adulteran y venden como yoga lo que no es yoga. Hago uso de mi indiscutible libertad de expresión y a aquellos que me insultan a veces (que son los menos) y sin razón, les recuerdo el adagio de que "la luna no se cae del cielo por mucho que aúllen los chacales". Si no creo en absoluto en el método Bikram, lo digo, como los que no crean en mis enseñanzas pueden hacerlo, pero con educación y argumentos válidos.

No creo en federaciones ni en títulos ni en fraternidades ni en políticas de pasillo para validar certificados. Creo en el yoga porque es al final siempre una experiencia transformativa. No en el yoga fitness, que no es yoga; ni en el yoga que se nos presenta como un sustituto de hacer pesas, acrobacias, contorsionismos o una simple gimnasia exótica.
En cualquier caso, busco amigos espirituales que sigan la senda que al final tiene que ser su propia senda. Que hay quien prefiere perder su personalidad por rendir pleitesía y obediencia ciega a un gurú, que lo haga, pero que no cuente conmigo; que hay quien prefiere la bisutería "espiritual" a la joyería espiritual, es su opción, pero que no trate de convencerme de que la bisutería es joyería; que hay quien prefiere el pseudoyoga deportivo para sudar y tener un trasero prieto, que lo haga, pero que no trate de hacernos creer que eso es yoga, cuando el yoga es básicamente un método no de culto al cuerpo, sino al Ser. Y aunque haya a quien le escueza, debo insistir en que los primeros traidores a la esencia del hatha-yoga fueron parte de los mentores hindúes que lo llevaron a América y para rentabilizarlo lo falsearon o bien incluso, ya en India, algunos de sus maestros, que organizaban, como si fueran levantadores de pesa o lanzadores de disco, campeonatos de las posturas de yoga. Ya previno Jung sobre aquello que podría ser del yoga en Occidente cuando comprobó hasta qué punto ya en la India era distorsionado, pero jamás hubiera podido imaginarse la práctica de las posturas a cuarenta y dos grados de temperatura, para así deshidratarse y hacer justo lo que los indios evitan: practicar yoga cuando hace calor. Pero siempre habrá, no lo dudemos, los que se empeñen en hacernos ver que el juego de las damas es el del ajedrez. Por eso, amigos, mente clara y discernimiento puro son los mejores compañeros.

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