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RAMIRO CALLE

Ramiro Calle

YOGA Y ORIENTALISMO
Pionero en la enseñanza del yoga en España, disciplina que imparte desde hace más de 30 años en el centro de Yoga y Orientalismo “Shadak”. Fue el primero en promover investigaciones médicas sobre la terapia Yoga en España. Durante 40 años, ha explorado recuperado y aplicado, los métodos de sosiego y equilibrio, sintetizando los conocimientos de las psicologías de Oriente y Occidente.

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Tú eres tu refugio

245 ILUS RAMIROY lo dijo hace dos mil quinientos años él, el Despierto. Y preguntó: "¿Qué otro refugio puede haber?". También dijo "enciende tu propia lámpara", como otros muchos mentores del antiguo Oriente: "Sé luz parA ti mismo". Y una enseñanza milenaria reza: "Los Grandes indican la Ruta, pero uno mismo tiene que recorrerla". Volviendo a Buda, fue muy contundente al decirle a sus discípulos: "Esperadlo todo de vosotros mismos". Eso no quiere decir que o podamos esperar de los demás confortamiento, ayuda, cooperación, pero en el trabajo interior y la evolución de la consciencia uno tiene que esperarlo todo de sí mismo y llevar a cabo la ejercitación necesaria para evolucionar conscientemente y humanizarse.

Una de las grandes paradojas del ser humano es que quiere conocerlo todo pero no demuestra interés por conocer al que quiere conocerlo todo, o sea al conocedor. Anhela viajar a todas partes pero no a su propio interior. Se extravía en toda suerte de banalidades y se pone de espaldas de lo esencial. Dice querer ser libre, pero se hace esclavo de sus propios apegos y aborrecimientos. Sube y baja por la misma orilla, la de la servidumbre y no se decide a cruzar a la contraria, la de la libertad.

La mayoría de las personas tienen dificultades para estar con ellas mismas y necesitan externalizarse en exceso. El pensamiento incontrolado es lo que más externaliza y centrifuga. En lugar de estar en uno mismo (mismidad) siempre se está en lo otro (otredad). El exceso de externalización e identificación ciega y mecánica con lo exterior, descentra y aliena. Es como si fuera necesario en muchos casos recuperarse a uno mismo. La meditación es un método idóneo para reencontrarse con uno mismo, detenerse, desconectar unos minutos de todo y ser. Nos permite vivirnos y sentirnos tal cual somos y así centra y desaliena. Permite conectar con la mente quieta, aquella libre de pasado y de futuro; es la mente no egocéntrica y liberada de conflicto. Es la mente sana y que sanea.

Una mentora, Vimala Thakar, recomendaba:

"Aunque sea en un rincón de tu cocina, siéntate tranquilamente y medita".

Para todo tipo de situaciones, incluso las más difíciles, Buda recomendaba:

"Estate tranquilo, medita y haz buenas obras".

Los prepotentes e ignorantes llegan a menospreciar la meditación e incluso son refractarios a la misma. En una ocasión, hace muchos años, alguien me dijo: "Tanto meditar te vas a volver loco". Le repuse: "Tú eres el que vas a volverte loco por no meditar".

La meditación es una experiencia y un modo de estar al desnudo consigo mismo, liberándonos al menos unos minutos de escapismos, subterfugios y autoengaños. No solo hay mucho que ganar con ella, sino también que perder. Perder el egocentrismo, la vanidad, el rencor, los celos y muchas otras tendencias nocivas. Y nada tan importante ni beneficioso para uno mismo y para los demás como dejar de estar gobernado por la ofuscación, la avidez y el odio, y permitir que alumbren en nosotros sus antídotos: la lucidez, la generosidad y la compasión.

 

El poder de la concentración

244b RAMIROConcentrarse es fijar la mente en un soporte con absoluta exclusión de todo lo demás. De esa manera el practicante se va absorbiendo más y más en el objeto de la concentración, cerrando el paso a los pensamientos mecánicos y consiguiendo grados cada vez más intensos y estables de atención unificada o, como se le denomina en el yoga, "ekagrata" (unidireccionalidad mental).
Toda fuerza canalizada gana en potencia y eficacia, sea el agua, el calor, la luz o la electricidad, y la mente no es en absoluto una excepción. Mediante los ejercicios de concentración, la mente se va poniendo bajo control, el pensamiento se puede refrenar y se unifica la consciencia. Una mente concentrada es de una gran ayuda en todo momento y colabora en cualquier tarea que se esté llevando a cabo, permitiendo más precisión y destreza.
La concentración es como un músculo que puede fortalecerse y así la persona puede ganar mucha capacidad de introspección. Cuando uno está más concentrado está más perceptivo al objeto de la concentración y la percepción gana en profundidad e intensidad. También la persona aprende a estar más atenta a lo que sucede en cada momento y puede dirigir deliberadamente su atención hacia lo que deseé o crea procedente.
Para ganar en capacidad de concentración hay ejercicios que los yoguis han utilizado desde antiguo, que cooperan con la estabilidad mental y ponen el pensamiento bajo el yugo (yoga) de la voluntad. Enumeramos algunos de estos ejercicios:

•  Concentración en un color.
•  En una figura geométrica.
•  En la llama de una vela. Primero se contempla con los ojos abiertos y luego se cierran y el practicante trata de representarse la llama de la vela.
•  Concentración en el entrecejo.
•  En la sensación táctil de la respiración.
•  En un sonido repetitivo.
•  En las sensaciones de las palmas de las manos.
•  En un punto negro sobre una cartulina blanca.
•  Concentración en el esquema corporal.

El ejercicio puede ejecutarse durante diez minutos y un programa puede constar de cuatro o cinco ejercicios.
Lo esencial es que cada vez que uno descubra que la mente se ha dispersado, se la lleva con firmeza y paciencia de nuevo al soporte de la concentración.
La práctica asidua hace posible que la persona vaya consiguiendo dinteles cada más más elevados de concentración o absorción mental, unificando e intensificando así la consciencia y neutralizando las distracciones.
Como decía Santideva, una mente no concentrada es como un colador, y se vuelve inestable y superficial. La concentración mental produce perspicacia, fortaleza mental, discernimiento más claro y sabiduría.

La esencia nutritiva

243 RAMIROUna vez más hay que decirlo: el yoga no es gimnasia, ni deporte, ni calistenia, ni pilates, ni aerobic, ni contorsionismo, ni estiramientos, ni una actividad, en suma, gimnástica o deportiva. ¡No lo es! Y no lo es por mucho que algunos se empeñen en llamar yoga a lo que no es yoga.

Por eso hay necesariamente que poner bajo estricta sospecha el "yoga" que se imparte en los macrogimnasios "yóguicos" y utilizar esa preciosa función que es el discernimiento para distinguir entre el verdadero yoga, y el mero yoguismo o interés obsesivo por los asanas más complicados y la llamativa flexibilidad.

El hatha-yogui valora mucho su esencia nutritiva pero no por apego al cuerpo ni por los "ganchos" que utilizaron los mentores al comercializar el yoga en Occidente y americanizarlo (como la consecución de la longevidad, la potencia de un joven, la resistencia a toda enfermedad y otras memeces de ese tipo). En realidad, si el vehículo somático está más fuerte y la energía fluye mejor, también la mente estará en mejor disponibilidad de meditar y hacer el trabajo necesario de transformación y mutación de la consciencia. Se cuida esa esencia nutritiva y se trata de incrementar mediante la alimentación sana y equilibrada, la respiración correcta, el sueño profundo y reparador, el descanso oportuno, el ejercicio inteligente (que el mejor es el que procura el auténtico hatha-yoga), las impresiones mentales positivas, las emociones constructivas y el desarrollo de la consciencia. El trabajo sobre el aliento vital lo considera importantísimo el hatha-yogui, por lo que se hace difícil entender que en muchas escuelas de yoga (y no digamos en los gimnasios que se imparte esta disciplina) se prescinda de los ejercicios de pranayama, que entre otras muchas acciones tienen la de regular los cinco elementos corporales (tierra, agua, fuego, aire y éter) y que son una réplica de los del Universo.

En cuanto a las denominadas impresiones mentales positivas, ésas hay que atenderlas como si se tratara de un alimento mental y emocional, evitando aquellas que son tóxicas o insanas. El equilibro o cualidad sattvica se busca tanto para el cuerpo, como el cuerpo energético y el psicomental.
En la medida en que se controla el prana, se domina la mente y viceversa. El hatha-yogui también está en la búsqueda de una mente más armónica, estable y concentrada. La ejecución sistemática por parte del hatha-yogui del pranayama y los mudras y bandhas tiene por objeto activar y canalizar la esencia nutritiva y según algunos hatha-yoguis también la de estimular los puntos vitales o marmans. Una vez más, el fortalecimiento del cuerpo, e incluso las técnicas que se usan de detención del envejecimiento prematuro (kayakalpa) tienen por objeto estimular una especie superior de vitalidad creativa llamada Ojuh o energía espiritual, y evitar que el cuerpo se convierta en un obstáculo en la larga marcha de la autorrealización.

El yogui no regatea esfuerzos en cuanto a poder seguir avanzando en el viaje interior hacia su centro existencial. La esencia nutritiva se conoce con el término de rasa y no pocas prácticas yóguicas pretenden que permanezca en perfecto estado. No hay nada de crédulo o supersticioso en ello, pero de alguna manera hay que denominar y referirse al trabajo sobre la fuerza vital que asiste a la persona, en mayor o menor grado, a lo largo de la vida, y que no solo es, ni mucho menos, energía somática, sino muy especialmente mental y espiritual.

Ese poder interior que Babaji Sibananda me pedía que valorase y custodiase para poder tener la suficiente voluntad de perseguir mis ideales yóguicos y tratar de cumplirlos en lo posible, puesto que a la postre son el sentido de la vida. Hay, por ejemplo, prácticas de pranayama que inciden sobre los campos de energía más toscos y más sutiles, y como para el yoga la energía o sustancia también es el pensamiento y las emociones, se considera que poder alcanzar estados de máxima quietud y recogimiento, o sea de no pensamiento (unmani) es también un modo de revitalizarse. Pues ciertamente el pensamiento incontrolado, y no digamos las obsesiones, malgastan muchas energías. Así me gusta recordar en mis clases, que si bien dijo Descartes "pienso luego existo", de acuerdo al yoga "cuando no pienso existo mucho más".

Y al lograr cierta detención de los torbellinos mentales (que también a ello favorecen las técnicas del verdadero hatha-yoga), se consigue un estado mental de pureza (sattvico) en el que hay un importantísimo drenaje de los residuos o impregnaciones del subconsciente. Yo no menosprecio en absoluto la psicología occidental, sobre todo los movimientos humanistas, excepto aquellos no humanistas y sometidos a soporíferas estadísticas que quieren "leer" y etiquetar el alma; pero no podemos ignorar que la psicología del yoga cuenta con miles de años de antigüedad, lo que conduciría a la razonable conclusión de que la occidental estaría en pañales al lado de aquélla. Pero además no quiero que esto pueda pasarse por alto (toda vez que llevo haciendo hatha-yoga sesenta años y también un buen número de años me psicoanalicé con un soberbio psicoanalista, tanto como paciente como por entrenamiento personal),y debo decir que las prácticas hatha-yoguicas también ayudan, bien ejecutadas, a la reintegración de la psique. Y cuando uno es capaz de estimular y regular su vitalidad, incluso los diez órganos sensoriales (tanto los sentidos como los órganos motores) operan más armónicamente, y yo he tenido ocasiones sobradas para comprobarlo. Aun después de una gravísima enfermedad que me puso muchos días entre la vida y la muerte. Así que, en la medida de lo posible, lo idóneo es desplegar un triple control: sobre el cuerpo, las energías y la mente, favoreciendo así la organización psicosomática y pudiendo colaborar un poco con la misma, sin falsas expectativas, pues al final este cuerpo que nos da la vida es el que nos la quita.

COLABORADORES Revista Verdemente